Todavía hay tiempo para la magia - L'Officiel España
Moda

Todavía hay tiempo para la magia

Y la colección Alta Costura Otoño/Invierno 2018 de Givenchy diseñada por Clare Waight Keller está aquí para recordárnoslo.
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Durante el carrusel final del desfile de la colección haute couture para el próximo invierno de Givenchy sonó "Moon River" y ni los allí presentes ni los que vivieron el momento a través de los perfiles de Instagram de los invitados sufrieron un empacho de cursilería. Y es que las piezas ideadas por Clare Waight Keller en su homenaje al creador de la maison fallecido el pasado mes de marzo a los 91 años, igual que la carrera del mismo, estaban capacitadas para amortiguar la referencia a Audrey Hepburn y a Desayuno con Diamantes (1961). Estaban capacitadas, también, para que el público masivo entienda que esta diseñadora es mucho más que la mujer que firmó el vestido de novia de Meghan Markle. Aunque ese público, probablemente, no vaya a tener oportunidad de verlas.

Como periodista que se dedica al mundo del entretenimiento nunca pensé que tendría que llegar a disfrutar de mi derecho a no revelar una fuente (aunque dependo de ello, sé que no hay cuestiones de vida o muerte en esto de la moda), pero como me pidió que no lo hiciera, no diré el nombre de la amiga de Hubert (si es amiga, no tiene sentido llamarle de otra manera) que me confesó que hasta el último momento al couturier le hervía la sangre al ver lo que había sido de su firma tras venderla. Respetó a McQueen, aunque no entendió nunca que se creasen prendas imposibles de llevar, y renegó de todo lo demás. Con la misma opinión de hierro, por cierto, reprobó todo lo que ha ido sucediendo con la casa de su maestro Balenciaga, desde que su familia vendió la última prenda que el de Guetaria dejó atras hasta el último episodio que escribe Demna Gvasalia. Me atrevo (y sé que es mucho atreverse) a decir que Waight Keller no habría resultado víctima de su exigencia. Que más bien podría haber sido un consuelo.

Monsieur Givenchy se fue hace poco más de tres meses y a su directora artística, la primera mujer en asumir ese reto, le tocaba enfrentarse a cuestiones complicadas: el homenaje al creador (ni John Galliano, ni Alexander McQueen, ni Julien McDonald ni Riccardo Tisci se atrevieron a hacerlo), la idea de hacer justicia a su legado y la necesidad de cumplir con ambas sin perder de vista que en 2018 o se es moderno o no se es. Lo hizo con puntadas maestras.

La británica se sirvió de la conversación sobre el sentido de la pervivencia de las estéticas tradicionalmente femeninas y masculinas, y sacudió así a las prendas del nada práctico romanticismo que de manera inevitable va asociado a la costura. Si Givenchy creía en la elegancia, Waight Keller sabe que hoy no existe si no pasa por vestirse para ejercer el poder. Lo hizo evidente a través de la construcción de los hombros, de la combinación de colores y tejidos y de aplicaciones en metal solo aptas para princesas (guerreras) muy modernas. 

Y así, con 42 looks, una canción y cierta dosis de nostalgia, resulta que es posible demostrar que esta industria de la moda, que vive con prisa y respira del oxígeno que le insuflan el hype y el momento, al final siempre dependerá de algo tan intangible como la magia. 

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