Hommes

¿Se les ha acabado a las firmas el ‘hype’ de tanto usarlo?

Ahora que el streetwear forma parte indiscutible de la industria del lujo tradicional, la pregunta es inevitable.
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“¿Crees que alguien se acordará de él dentro de 20 años?” He de reconocer que tuve que tomarme unos segundos (más de los que exigía la pregunta) para responder. “Sí, claro, no cabe duda de que ha sido una de las personas que ha cambiado la industria de la moda en esta década”. El sujeto al que se refería mi interlocutor era Virgil Abloh, que la noche anterior había sido la estrella invitada y dj de una fiesta multitudinaria ofrecida por Belvedere en Madrid. A los platos fue retratado por decenas de smartphones que no dejaron de acecharle ni cuando abandonó el recinto del evento, ni cuando se dirigía por la calle a su siguiente destino, un club moderno, modernísimo, de la capital. Coprotagonista de selfies con sus admiradores (a alguno también le firmó las zapatillas), ser el centro de atención parecía turbarle en cierta medida, pero aguantó el tirón con la resignación de quien ya está acostumbrado a padecer ese tipo de males, quizá porque se sabe responsable de su propio destino: “Aspiro a fomentar esta era de diseñadores que se convierten en las nuevas estrellas del rock”, aseguró en 2007 al blog The Brilliance. Mucha gente no lo sabe, pero por aquel entonces el diseñador de Chicago ya era licenciado en ingeniería civil y tenía un máster en arquitectura. También colaboraba con Kanye West y le quedaban dos años para hacer prácticas junto a él en Fendi. Después dirigiría la agencia creativa del músico, ganándose una nominación a los Grammy en 2011, fundaría su firma Pyrex Vision en 2012 (las camisas de franela vintage de Ralph Lauren pasaron de costar 40 dólares a 550 tras ser tocadas por su gracia) y Off-White en 2013. 

Este repaso al currículum de Abloh habría venido tan bien a quien lo desconocía como las personas que todavía cuestionan el mérito de su éxito, porque la mayoría tiende a pensar que le ha llegado en el mismo tiempo en que se agotan sus colaboraciones con Nike. Y aunque estoy convencida de que mi respuesta no era equivocada, la duda no estaba fuera de lugar porque el panorama se presenta, como poco, confuso. 

 

Por mucho que las dos partes se hayan resistido (o tal vez no), streetwear y lujo han acabado siendo lo mismo, bien sea por cuestión de precio o por lo difícil que resulta hacerse con los objetos del hype. También porque para el primer grupo el lujo es reconocimiento, y al segundo el fenómeno de la moda de calle le ha dado el meneo que le hacía falta después de años hablando de crisis. Claro que lo que rápidamente se encumbra, rápidamente pierde la gracia. Demna Gvasalia se ofendió cuando Highsnobiety, el portal que se ha hecho de oro a base de informar a los hombres sobre qué había que comprar y en qué lista de espera apuntarse), publicó un artículo en el que se aseguraba que las prendas de Vetements ya no se vendían como churros, y WWD elaboró otro artículo que afirmaba lo contrario. Puede que siga vendiendo, pero no es menos cierto que por un incremento de producción, por un detrimento del interés o porque resulta más atractivo llevar sus diseños para Balenciaga, ya no es complicado hacerse con una camiseta de DHL o uno de sus Levi’s reestructurados. A los fieles originales de Supreme no les ha hecho ninguna gracia que su creador vendiese parte de la marca a la inversora Carlyle Group y hasta Gosha Rubchinskiy ha bajado el telón de su firma porque considera que ya la ha utilizado para decir todo lo que tenía que decir. Nadie sabe cuándo, pero todos sospechan que en algún momento dejarán de venderse sudaderas a precios desorbitados por el simple hecho de tener una marca estampada en la espalda y que las colas de hombres (¿por qué la de las colas ha sido una fiebre fundamentalmente masculina?) dejarán de formar parte de paisaje de las calles Laffayette o Bleeker en Manhattan. 

El primero en comparar el hype actual a lo que sucedió con la música en los 90 y 2000 estuvo de lo más acertado. La pertenencia al grupo, eso tan determinante para el público más joven, es lo que acentúa el deseo de tener lo último. O de intentarlo. Pero entre esta generación, llámala Y, Z, millennial o centennial, cuenta con una característica esencial: se reponen de ese deseo igual de rápido que comparten un story en Instagram. 

 

Volviendo al principio, Abloh ha sido uno de los artífices del cambio en los hábitos de consumo de moda, pero todavía puede escribir alguna página más. Tiene la oportunidad de pasar a la historia como el tipo que llevó a la línea masculina de Louis Vuitton al siguiente nivel. Así que está en sus manos que dentro de 20 años tengamos que pararnos a recordarle o que todavía estemos hablando de él. 

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