Hommes

Jacques de Bascher, el it-boy maldito

Educado, guapo y estiloso.
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Podríamos bautizar a este personaje como el primer it-boy (al menos en el sentido del término que hoy en día conocemos). Conquistó a las figuras más influyentes del Paris de los años 70.

Este ángel negro rondaba el Paris de los años 70. Se dejaba ver en las mejores fiestas, siempre siendo el mejor vestido, y supo usar su belleza como arma y medio de vida. Sin oficio ni beneficio, no se le conoce ningún trabajo u ocupación mas allá que el hedonismo y a la vida en sociedad.

Descendiente de una aristocrática familia venida a menos, sus amantes se cuentan por centenares. Consciente de su encanto y buenas maneras, hacia caer a sus pies a todo hombre o mujer que se cruzase en su camino. Entre sus más ilustres amantes, Yves Saint Laurent y Karl Lagerfeld. En efecto, durante años mantuvo ese triángulo amoroso, siendo esta la causa de la manifiesta enemistad entre ambas maisons de couture.

El año pasado, una biografía rescató a esta curiosa figura de las sombras del olvido. Jacques de Bascher, dandy a l’ombre, de Marie Ottavi, nos trae el relato de la vida de este fascinante ser.

"Jacques de Bascher, cuando era joven, era un diablo con el rostro de Garbo [...]. Se vestía como nadie más, estaba a la vanguardia de todo el mundo; me hacía reír más que nadie, era lo contrario a mí. También era imposible y despreciable. Era perfecto.” Así describe Karl Lagerfeld en la citada biografia al que fuera su amante durante 18 años de su vida. Jacques era un ser oscuro, adicto a las drogas y aficionado a la promiscuidad sexual. Su vida consistía en bailar toda la noche, acostarse con el mayor número de personas posible y vestirse. Sobre todo, vestirse como nadie. Memorable el día que se presentó en Maxims París con un frac pintado sobre su cuerpo como único atuendo, todo un genio de la puesta en escena.

"Jacques de Bascher era el arquetipo de un dandy, casi hasta un punto caricaturesco. Su indiferencia hacia el mundo era de proporciones espectaculares. Aunque operaba dentro de la sociedad, se aseguraba de no sucumbir jamás ante sus obligaciones. El dinero, el trabajo y las realidades ordinarias no estaban entre sus preocupaciones ", escribe Ottavi en su libro. Un personaje desfasado que encarnó a la perfección el espíritu hedonista de aquellos años tan salvajes.

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