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Descubriendo a Malick Sidibé, el nombre de la fotografía africana

Es uno de los nombres de mayor peso en la fotografía africana.
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Es uno de los nombres de mayor peso en la fotografía africana. fue un precursor, un creador. Malick Sidibé retrató a una Mali modernizada y viva, y conquistó a Europa. Nos despedimos de su mirada, pero sus imágenes le sobreviven.

A principios de los años noventa, la fotografía africana empezó a invadir Europa. Los retratos de jóvenes negros, bellísimos, vestidos como príncipes y princesas, posando descaradamente ante la cámara del fotógrafo, cautivaron a todos los progres del viejo continente. Como por arte de magia, la culpa colonial dejó paso a la esta. África bailaba al ritmo de las músicas del momento y los fotógrafos de la época estaban allí para dejar constancia con sus cámaras. Eran los gloriosos sesenta y por aquella época Bamako, capital de Mali, era la meca de la fotografía.

Me encontré con Malick Sidibé en dos ocasiones. A finales de los noventa, recién nacido PHotoEspaña, montamos una exposición de dos monstruos de la “nueva-vieja” fotografía africana y les invitamos a venir a Madrid. Seydou Keyta (el gran maestro que ya tenía 77 años) y Malick Sidibé (el joven de 63 primaveras) llegaron juntos y se lo pasaron en grande. Diez años más tarde, en 2009, Malick volvió a solo a Madrid a recoger el gran premio de PHotoEspaña. Todo un acontecimiento. Y un honor para todos los amantes de la fotografía.

A principios de los años sesenta, Bamako era una fiesta. Y Malick Sidibé estaba allí para fotografiarla. “La música fue una liberación. Finalmente, los chicos y las chicas podían estar bien cerca, bailando juntos. Cada fin de semana yo iba de esta en esta para fotografiarlo. A veces tres o cuatro en una noche, sin parar. Y si no podía ir, no se hacía la esta o se cambiaba de hora. El fotógrafo era más importante que la música”. Y el fotógrafo era él. Un carrete, otro, otro más. 36, 36, 36...

Malick Sidibé abrió en Bamako el primer estudio con luz eléctrica y fue también el primer fotógrafo que abandonó las placas grandes para salir a la calle con un cámara pequeña. Y eso cambió las fiestas. Disparar, disparar, disparar y luego revelar y copiar 300 o 400 fotos cada fin de semana para que el martes hubiera cola de chicos jóvenes comprando las copias que certificaban que él o ella habían estado allí. Y entre semana, recibir a las jóvenes que venían a su estudio para posar. “Les encantaba la luz eléctrica”.

Ahora, puestos a recordar a Maick –que se despidió de este mundo de despedirse de este mundo en la primavera de 2016, recién cumplidos los ochenta, exactamente a la misma edad que su colega, el maestro Seydou Keyta– lo mejor es dejar que hablen sus mujeres. Tan elegantes, vestidas con sus telas tradicionales o rompiendo tabúes con sus trajes a la moda occidental, cargados de inocencia. Retratos de estudio que destilan alegría y libertad o retratos de calle que dejan constancia de que hace cincuenta años, en la misma ciudad que hoy vive sitiada por el terrorismo y la reacción, la mujer estaba luchando por su libertad

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