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Vestidor L’Officiel: traje femenino

En el vestidor de hoy explicamos la historia de una indumentaria originalmente creada para el hombre, esencial hoy para la mujer: el traje femenino.
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En el vestidor de hoy explicamos la historia de una indumentaria originalmente creada para el hombre, esencial hoy para la mujer: el traje femenino.

Los orígenes del traje femenino se remontan a principios del siglo XIX. En esta época las amazonas usaban trajes oscuros de montar con un claro estilo masculino, eran los sastres los encargados de confeccionar estos trajes teniendo en cuenta las chaquetas y levitas masculinas. Hacia el año 1880, los trajes de ambos sexos se llegaron a asemejar tanto que era difícil distinguir de lejos a una amazona de un jinete, ya que todos usaban corbatas, pantalones bajo la falda, chalecos y sombreros de copa.

Durante estos años, la compañía especializada en sastrería femenina era Messrs Redfern & Co., que se encargaba de confeccionar chaquetas y trajes. Así fue como durante la siguiente década los abrigos y chaquetas de estilo masculino comenzaron a obtener gran popularidad dentro del guardarropa femenino. Todas las chaquetas eran ceñidas y entalladas, las revistas de moda pregonaron la habilidad de los sastres de vestir a la mujer sacando a la luz la belleza de sus formas. Fue a mediados del siglo XIX cuando el movimiento Arts & Crafts logró racionalizar la moda.

William Morris diseñó algunos vestidos para su mujer, en los que la simplificación afectaba a la forma y a los elementos decorativos. Desde Alemania también se registró una importante sensibilidad hacia estos aspectos, denominando al traje moderno como traje reforma.

A partir de 1890, durante la Belle Époque se inauguró una nueva etapa que dejó atrás el uso del polisón, encargado de dar volumen y ahuecar las faldas. Desde la última década del siglo XIX se producen otros cambios. Se mantiene la etiqueta relacionada con el traje y además se definen nuevas categorías de trajes para diferentes actividades que hasta la fecha no habían sido propias de las mujeres. La gran novedad fue la incorporación del traje sastre, sin antecedentes en hechura y función. Su éxito se asocia a la comodidad que proporcionaba y a su carácter práctico.

En el siglo XX, los roles de género estaban muy marcados en aquella sociedad de entreguerras.

Fue en los años 30 cuando la actriz Marlene Dietrich revolucionó la sociedad y los estereotipos atreviéndose a lucir un esmoquin en la película Morocco. Esta indumentaria se componía de una chaqueta y unos pantalones negros y como bien imaginamos, hasta el momento estaba reservada exclusivamente para el género masculino. Cuando la alemana se atrevió a lucir uno, Yves Saint Laurent lo popularizó y sacó a la calle en 1966, siendo el primer esmoquin femenino. Más tarde, en 1972, Mick Jagger contrajo matrimonio con Bianca Jagger, evento en el cual ella lució una chaqueta blanca de esmoquin de Saint Laurent. Tan solo un año más tarde, Liza Minelli revoluciona la historia del cine vestida con una blazer negra y unas medias en la película Cabaret.

Por último, con el comienzo del siglo XXI, Hedi Slimane presenta su primera colección en 2001 para Dior Homme. Comienza el auge para los trajes femeninos con pantalones pitillo y chaquetas ceñidas.

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