Moda

Una vida en L’Officiel

En sus genes está la pasión por el diseño, por su sangre corre la tinta que ha dibujado las páginas de la revista de moda más antigua de Europa y su apellido figura en la lista de los más importantes de la industria.
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En sus genes está la pasión por el diseño, por su sangre corre la tinta que ha dibujado las páginas de la revista de moda más antigua de Europa y su apellido figura en la lista de los más importantes de la industria. Nos encontramos en París con Marie-José para conocer el pasado, el presente y dibujar el futuro de L’Officiel de la Couture et de la Mode. Cada cierto tiempo, los periodistas (o las personas con muchas preguntas), nos topamos con un filón. Alguien capaz de satisfacer toda nuestra curiosidad y tan generoso que con sus respuestas te abre de par en par las puertas de su universo. Nuestra protagonista es una de esas personas porque habla a través de anécdotas. Y nada te ayuda tanto a ponerte en la piel de la otra persona como una buena anécdota. Marie-José Susskind-Jalou es presienta de Ediciones Jalou, la empresa fundada por su padre y en la que también trabajan sus cuatro hijos: Benjamin Eymère, CEO de la editorial; Jennifer Eymère, redactora jefe de moda de Jalouse; Vanessa Bellugeon, redactora jefe de moda de L’Officiel y Maxime Bellugeon, redactor jefe de L’Officiel 1000 Modeles. Me cita en París, en sus oficinas, un viernes de abril en el que reina un cielo gris solo a la altura de la ciudad de la luz. Al llegar, su asistente me cuenta que la noche anterior fue muy larga porque Benjamin celebró su fiesta de cumpleaños. ¿Viernes previo al puente de Pascua y posterior a una celebración? Si todavía hay quien piensa que trabajar en la industria de la moda permite acostarse tarde y no molestarse en madrugar, debe saber que esa mañana me encuentro también con Benjamin y Vanessa. Pero empecemos por el principio. L’Officiel de la couture et de la mode de Paris fue creada en 1921 por Max Brunhes, un hombre con una afinada (y atinada) visión comercial que vio una oportunidad en financiar una publicación para su amiga Andrée Castaignié, eso sí, sin que su esposa fuese del todo consciente de lo que en realidad se estaba cocinando entre ellos. Castaignée, que la dirigió hasta su muerte, contrata en 1932 a Georges Jalou para que desempeñe las funciones de director artístico y a Marcel G. Pérès para mejorar las ventas y la publicidad. Este trío consigue hacer de L’Officiel la primera revista en publicar ilustraciones e imágenes a color y crea una exigente red de firmas entre las que se encuentran la de Colette, Jean Cocteau o Tamara de Lempicka. Se las ingenian también para mantener su periodicidad durante la Segunda Guerra Mundial. Y ahí va la primera anécdota: Marie-José me cuenta orgullosa cómo su padre tendía a decantarse por las portadas en azul, blanco y rojo durante los años de la ocupación, y cómo consiguió convencer a los alemanes de que debían publicarse de esa manera porque eran los colores de la temporada. Una vez superada la guerra, L’Officiel continúa su camino albergando en sus páginas los diseños de Dior, Balenciaga o Givenchy en fotografías de Philippe Pottier. Poco tiempo después, en 1947, George Jalou conoce a la madre de Marie-José en un desfile de Jacques Fath. Así que me encuentro ante una mujer que no solo ha desarrollado toda su carrera en la industria de la moda, sino que en ella está el origen de su existencia. Cabría esperar dos situaciones: la primera, que Marie-José quisiese encomendar su vida a este sector. La segunda, que no le interesase saber nada de diseñadores o vestidos. Pero ninguno de ellos se manifiesta. Al parecer, cuando respiras moda desde el momento de tu nacimiento, la acabas asumiendo como parte de tu hábitat. Su primer recuerdo de L’Officiel se remonta a cuando tenía tres o cuatro años. Rememora la imagen de su padre con el plan de diseño de las páginas y recuerda acompañar a su madre al taller de Lanvin Castillo, donde las costureras le dejaban sus herramientas de trabajo para jugar mientras se afanaban en elaborar piezas de alta costura. “Su marido trabajaba en la industria y debía dar una imagen”, me explica. También deja claro que a mediados de los 50 ya existía el concepto de precio especial para prensa. À la mode Pronto pasó de acompañante a las casas de moda a llevarla ella misma. Habían pasado diez años y el prêt-à-porter comenzaba a vivir su época de esplendor. Marie-José vivió los 60 cuando todavía era una adolescente, pero su armario albergó cada una de las tendencias de la época. Se le escapa la risa al recordar los problemas que le causaron un par de pantalones de campana con el director de su instituto. “Durante la fiebre pop-art llevé unos pantalones naranja de Courrèges con una campana enorme. ‘¡Jalou! ¿Por qué llevas esos pantalones? ¡Qué color es ese!’, me gritó el director”. Ella, haciendo uso del sentido práctico desde la adolescencia, decidió que al día siguiente llevaría a clase el mismo modelo de pantalón que su madre tenía en gris. Al parecer, al director tampoco le convencieron y acabó citando a su madre a los pocos días. “Entonces, estaba cambiándose el color de pelo. Era pelirroja y quería ponerse rubia. Lleva muchísimo tiempo quitarse el rojo”. Su madre se presentó en la escuela con el pelo de un color cercano al gris y los mismos pantalones de campana. Al director no le hicieron falta más explicaciones. De ahí en adelante, se sintió libre a la hora de vestirse para ir a clase. También para ponerse las primeras uñas postizas de Francia (y el gesto indica que tenían unos seis o siete centímetros de largo). También fue precoz a la hora de empezar a trabajar para L’Officiel: “A los 17 asistía a las estilistas en sesiones de fotos. Recuerdo estar preparando una para el número de septiembre. Una de las editoras me pidió que encontrase gafas de sol que encajasen en una historia de esquí. No sé cómo lo conseguí, no tenía ni idea de dónde encontrarlas porque en aquella época no había tantas gafas, pero le llevé cerca de doscientas. Me preguntó si estaba loca, que sólo necesitaban diez. Ese fue mi primer trabajo para la revista. El segundo, vender revistas. Venderlas en el quiosco”. En esos años también publicó su primera ilustración en sus páginas, y es que eso es lo que realmente le gustaba: “Yo quería ser directora creativa, me gustaban las artes decorativas, la arquitectura. De los siete años que tenía la carrera estudié sólo cuatro porque me casé. Dibujaba mucho. Cuando era joven no tenía tan claro que quería trabajar en la revista. Prefería diseñar, por eso hice artes decorativas. Hoy todavía adoro la arquitectura, las casas bonitas. Prefería haber tenido una revista de decoración”. Y continúa: “Me habría gustado ser diseñadora de accesorios. La decoración, trabajar con un concepto. Aún le doy vueltas, no he acabado con eso”. Pero el matrimonio y el destino la llevaron a convertirse en editora de L’Officiel. A los 22 años fue testigo de la presentación de la llamada “colección del escándalo” de Yves Saint Laurent, que durante nuestra entrevista se exhibe en la Fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurent de París. “La gente no se podía imaginar que el estilo pobre de los años de la guerra podía servir de inspiración a la moda. Yo no tuve ese problema. ¡Estaba encantada, conquistada, fascinada!”. Se había rendido definitivamente a la magia de la moda y con ella, a la de la fotografía. Me cuenta con ilusión que cuando una foto es buena es “porque surge el milagro”, pero que precisamente por serlo no se da continuamente: “Cuando haces una revista mensual, no todo puede ser bueno. Si todas las fotos fuesen buenas, no verías las mejores. Serían todas iguales. Es necesario tener fotos normales para apreciar las excepcionales”. Y detrás de cada una de esas imágenes, hay una historia. El día anterior, en la inauguración de la exposición de Jean-Paul Gaultier, se topó con una portada de L’Officiel que la trasladó directamente al escenario de la sesión de fotos. “Para mí, lo importante es que cada imagen me recuerda unas vivencias. Las dudas, el trabajo en equipo, el fotógrafo o la modelo. Y a veces surge la magia. Cuando pasa, es maravilloso para la moda”. La vida Jalou A finales de los 70, Marie-José y sus hermanos ocupan cargos de responsabilidad en L’Officiel. Ella como redactora jefe, Laurent como director y Maxime sigue los pasos de su padre como maquetador (en los 90 se ganaría el título de director artístico). En 1985 fallece Marcel Pérès y Georges Jalou se convierte en el único propietario de la revista. Crea entonces la editorial con su nombre. Durante esos años a Marie-José le toca compatibilizar su vida familiar y personal. ¿Se puede dirigir la línea editorial de una revista a la vez que la de un hogar? “No tienes que pensarlo”, me dice. “Tienes que hacerlo. No tenía tiempo para pensar que estaba criando a mis hijos y dirigiendo una revista. Cuando hago recuento de las veces que tenía que viajar, llevar a los niños al colegio, preocuparme por las comidas… creo que no podría volver a hacerlo, pero es porque lo pienso. Cuando estás en esa situación, lo sacas adelante”. Y sin duda lo hizo con éxito, porque sino sus cuatro hijos no habrían querido dedicarse a lo mismo. Fue en 2003 cuando, tras la muerte de su hermano Laurent, se convirtió en presidenta de la compañía. Lo que desde fuera es un paso decisivo (sobre todo porque no es común encontrarse con una mujer al frente de una empresa de comunicación), desde dentro se vivió con naturalidad. Antes manejaba un equipo de acuerdo a un presupuesto, ahora una compañía, “un equipo más grande” en sus palabras. Considera, también, que estaba curtida en la materia: “También tenía que llevar a una familia y éramos muchos. Cuando puedes dirigir una familia, puedes dirigir una compañía. Lo más complicado fue distinguir las relaciones personales de las profesionales. No puedes ser la madre de tus empleados, te vuelves loca”. Trabajando se ha encontrado con otro tipo de relaciones complicadas, las que se establecen con los diseñadores: “Suelen ser sensibles y se enfadan si no colocas sus prendas en un buen lugar. Son muy divertidos, pero no puedes ser su amiga. Les adoro, me gusta estar con ellos. Pero si tienes un amigo diseñador y no te gusta lo que está haciendo, tienes un problema. Te sientes mal. Por eso intento evitar ese tipo de situaciones”. Con todo, en su vida la separación entre lo personal y lo profesional es tan diminuta que se confunde. Me imagino las conversaciones de las cenas de Navidad, saltando de ese tema que se ha caído en el último minuto de cierre a lo mucho que ha crecido el último miembro de la familia. Se muestra positiva al respecto: “Es un trabajo muy divertido. Conoces a mucha gente, lo pasas bien. Me gusta que en casa nos dediquemos a lo mismo”, aunque también le gusta que su marido, que es abogado y no entiende ni quiere entender nada de moda, viva completamente ajeno a la industria. “No le interesa este mundo de locos. Llega hasta tal punto, que hasta hace no mucho no se refería a esta empresa como Jalou Mediagroup, sino simplemente como L’Officiel. Para él es un negocio de mujeres. A día de hoy sigue sin entender para nada mi trabajo”. Y el gran disgusto no se lo dieron Vanessa y Jennifer en los 90 cuando lucían los corsés de Dolce & Gabbana con el consentimiento de su madre, sino cuando Benjamin abandonó su trabajo en fusiones y adquisiciones en Manhattan para dirigir la compañía. “No se lo podía creer. Trató de convencerle de que se quedase diciéndole que esta empresa era muy pequeña. Le agradezco que decidiera venir. Tenemos un trabajo precioso por delante desarrollando la cabecera, haciéndola crecer”. La industria, hoy Marie-José nació cuando en los salones de alta costura estaba terminantemente prohibido dibujar durante los desfiles y ha visto cómo la industria de la moda se ha dado la vuelta hasta llegar a la era de Inditex. Vivió tiempos en los que el publico tardaba seis meses en poder ver las colecciones, y vive un momento en el que Instagram te permite ver lo ultimo con una diferencia de unos pocos segundos con respecto a la persona que tiene la suerte de presenciarlo en directo. Y aunque lo romántico es añorar el pasado, a Marie-José cualquier tiempo pasado no le parece precisamente mejor. Le pregunto por el ritmo frenético de los medios de comunicación y los diseñadores, por la cada vez más corta periodicidad de las colecciones y por el auge de Internet y las redes sociales. “Me gusta ver cosas nuevas en los escaparates. Cada seis meses estaba bien, pero creo que es mejor tener cosas nuevas cada poco tiempo y que convivan con los clásicos, con ese bolso de Céline de hace tres años o el más famoso de Hermès”. Aceptamos velocidad en las colecciones pero… ¿qué hay del nuevo ritmo del trabajo? ¿De ese trabajo que consiste estar conectado constantemente a través del móvil? “Internet y las redes sociales han favorecido nuestro trabajo. Cuando empezamos, cuando yo era editora, era más difícil dar a conocer la cabecera. Ahora es mucho más fácil, te muestras al público. No creo que sea del todo bueno si no sabes desconectar. Cuando estás de vacaciones tienes que alejarte del teléfono. Te puede cansar, pero tienes la posibilidad de aparcarlo”. Mantiene esa actitud práctica cuando tocamos el tema de las modas y las tendencias, y lanza un consejo para todo aquél interesado en dirigir una publicación algún día sin darse cuenta: “Tienes que seguir una dirección, una línea. Puedes tener un gusto determinado, pero debes ser consciente de que no haces la revista para ti sino para tu lector. También debes cuidar a tu anunciante. Es un mix de todas esas cosas, se trata de hacer algo consistente con todo ello”. Hablamos mucho del pasado pero también de todo lo que queda por hacer. Marie-José conoce el poder y el prestigio que L’Officiel tiene en todo el mundo, sabe que sus ediciones internacionales (la española será la número 33) se seguirán multiplicando y que el futuro de la empresa que fundó su padre es más que prometedor. Con cada una de las respuestas que recibo en las más de dos horas de entrevista me da a entender que su secreto para sobrevivir a la industria de la moda durante tantos años ha sido su capacidad de adaptarse. Si consigues adaptarte, si entiendes los cambios y los aceptas, serás siempre joven en tu trabajo. En ese sentido Marie-José sigue siendo una adolescente con pantalones de campana.  

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