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Peto, mono o sobretodo.
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Peto, mono o sobretodo. Puedes llamarlo como quieras porque la idea es la misma: rendirse al encanto del vestir fácil. Como tantas otras prendas que forman parte del paisaje más común de nuestro armario, el peto vaquero fue concebido como uniforme de trabajo. Era barato y su tejido resistente; en definitiva: práctico. Esa característica fue la que garantizó su perdurabilidad en el tiempo. Porque si a finales del siglo XVIII era cosa de esclavos, mineros y granjeros en el oeste y sur de Estados Unidos y durante la Primera Guerra mundial fue adoptado por las mujeres que se dejaron la piel trabajando en fábricas, en los últimos años de la década de los 40 cambió de estatus. comenzaba su época dorada. Se sucedieron sus distintas vidas. En los 50 lucirlo se consideraba toda una demostración de estilo y en los 60 un acto de rebeldía propio de los jóvenes. Precisamente gracias a ellos se multiplicaron sus versiones, aparecieron en distintos materiales y cortes y la cantidad de tejido se redujo hasta el short o se amplió hasta la campana. con esta forma llegó a disfrutar de noches iluminadas por la luz de las bolas de discoteca de los 70. La exageración se impuso una década más tarde, cuando se popularizó el modelo oversize, porque en los 80 ya se sabe que la moda era de dimensiones desproporcionadas o no era. El grunge lo recuperó junto a las camisas de cuadros y a la actitud “nada me importa” y los iconos televisivos de los 90 hicieron el resto. Piensa en Mayim Bialik metida en el papel de Blossom, en Katie Holmes en Dawson Crece o en Jennifer Aniston en Friends. Recupera la imagen de Will Smith en El Príncipe de Bel-Air. Si hubo una constante en esa segunda vida del peto vaquero, ha sido la juventud de quienes lo llevaron. Pero desde entonces han pasado más de 20 años. Hoy a nadie se le escapa que la juventud no solo depende de la edad. Al principio decíamos que fue su sentido práctico lo que ha facilitado su pervivencia todos estos años. No es menos cierto que las ocasiones en las que alguien decide ponérselo también han servido para que lo veamos con buenos ojos. Si fuese una persona, sería de ese tipo que solo puede caerte bien. Agradable, relajada y con mucha gracia. Una de esas personas en las que piensas para ir a un festival y con las que es posible superar el reto de una mudanza (visita a Ikea incluida). Llevar un peto exige estar de buen humor. Llevar un peto te pone de buen humor. Que se lo pregunten a Veronika Heilbrunner, que se aprovechó de sus ventajas durante la semana de la moda de Nueva York, o a Alexa Chung, que necesita los dedos de las dos manos para contar los que cuelgan en su armario. Que se lo pregunten a Linda Rodin, que a los 67 años no duda en enfundarse en uno para ir al trabajo.
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