Para siempre: Lady Dior - L'Officiel España
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Para siempre: Lady Dior

Es uno de los bolsos más reconocibles y un imprescindible en las listas de los más deseados.
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Es uno de los bolsos más reconocibles y un imprescindible en las listas de los más deseados. Hoy rendimos tributo a este clásico a través de su historia. Han pasado más de 20 años desde que Bernardette Chirac, entonces primera dama de Francia, obsequiase a Diana de Gales con la última creación de la maison Dior. A Lady Di le gustó tanto, que lo encargó en todos los colores y en los siguientes dos meses no se dejó ver con otro bolso debajo del brazo. Fue fotografiada con él en un hogar infantil en Birmingham y semanas más tarde durante un viaje a Argentina. Todo el mundo hablaba del famoso bolso y la firma decidió entonces cambiarle el nombre en honor de la princesa, convirtiéndolo en uno de los bolsos más reconocibles de la historia.     Pero detrás de esa historia hay un trabajo que muchas veces pasa desapercibido. John Galliano se había propuesto diseñar un bolso atemporal, uno al que no le afectase el paso del tiempo y que fuese fácilmente identificable. Así que se puso a investigar en las imágenes de archivo de la firma y dio con una de sus claves: el acolchado cannage, el mismo que Monsieur Dior adoraba de las sillas estilo Napoleón III desde las que sus clientas pudieron ver su primer desfile en 1947. A pesar de su elegante sencillez, cada modelo lleva detrás más de ocho horas de trabajo y las manos de siete artesanos, que van trabajando más de 130 piezas de piel de distintas maneras dependiendo del modelo hasta que lo coronan con las brillantes letras D-I-O-R.   Desde entonces, el modelo Lady Dior ha sufrido numerosas transformaciones e incluso le ha salido un asa para el hombro, pero en pocas ocasiones ha brillado tanto como bajo el punto de vista de Raf Simons. El diseñador le dio una nueva vida a base de colores y pieles exóticas e incluso de dibujos de Andy Warhol.   En sus últimas creaciones, Lady Dior alisa su clásico acolchado y se vuelve de charol, o bien, minimiza esas rugosidades hasta mínima expresión, incluso llena de pedrería un asa más larga de lo habitual en su especie. Pero para las clásicas, para las Lady Di, siempre nos quedará el clásico, el de los inicios, el Lady Dior que conquistó a una princesa.

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