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Moda

Dior: déjala que dance

No sólo la danza define el cuerpo, también la moda.
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Bailar al ritmo de alguien es dejarse llevar. La cultura popular predice que nada bueno se puede sacar de esta afirmación y no seremos nosotros quienes estemos aquí para decir lo contrario. La anulación no es buena para nada, ni para nadie. Pero, ¿y la colaboración? Si atendemos al significado poético de bailar, probablemente, consigamos una certeza tal que así: "bailar consiste en moverse, en un acto liberador a través del cuerpo y del movimiento. Un acto que se acompaña de música y que sirve para conectar con uno mismo, con la parte más profunda del ser". Por tanto, la música y el baile definen la figura del cuerpo, tal vez, de las emociones, y es aquí donde la colaboración alcanza su grado máximo. Si ambas disciplinas son capaces de avivar las emociones y devolver al ser humano a su estado de felicidad plena, la entrada en acción de una tercera compañera puede ser vital para la alineación de cuerpo y mente. 

Esa compañera es la moda. Pero no una cualquiera. Sí la que se manifiesta como una prolongación del arte y una perfecta embajadora de la belleza del cuerpo en movimiento. Es así como trabaja Maria Grazia Chiuri, directora creativa de las colecciones femeninas de Dior, quien ha presentado su nuevo trabajo en el marco de la Semana de la Moda de París. Un auténtico espectáculo pensado para amantes del arte, del arte en movimiento, la danza. El desfile menos desfile de todos los que la firma francesa ha protagonizado hasta la fecha: un desglose de prendas dotadas de suculentos guiños al espacio, al tiempo y a la naturaleza; con una importancia más prioritaria sobre las emociones y sobre el deseo de conectar lo físico con lo intrínseco. 

El deseo hecho realidad tras la inspiración obtenida de heroínas de la danza, como Loïe Fuller, Isadora Duncan, Ruth Saint  Denis, Martha  Graham y Pina Bausch; con el único objetivo de modificar los códigos establecidos de la moda mientras el homenaje a los orígines del mundo y a la diversidad de culturas sale solo, fluyendo con la ligereza y la flexibilidad propias de todo paso de baile. Tal y como dice Sharon Eyal, la coreógrafa al mando de este espectáculo visual (y corporal). 

 

 

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Los colores, inspirados en la naturaleza, transmiten la energía de la tierra y reflejan el movimiento de "lo vivo" en los volúmenes de las faldas y vestidos, vaporosos y sedosos. Prendas con alma que van más allá de una tendencia textil para convertirse -casi- en un estilo de vida: activa, sentida, disfrutada y tímida. 

 

 

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La coreografía de los cuerpos, y el vínculo que los une, haciendo eco del movimiento de las estrellas en la bóveda celeste, evoca el energía del universo del cual la danza dibuja sus expresiones. Energía que yace simultáneamente en el control y la liberación del cuerpo. Energía que es a la vez disciplina rigurosa y libertad extrema. La energía que produjo esta colección es como una coreografía sofisticada y elegante, y una poderosa explosión de la imaginación femenina.

Dior - Primavera/Verano 2019

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