Camélia, la flor de Coco - L'Officiel España
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Camélia, la flor de Coco

La historia de una flor que se convirtió en una inspiración.
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La historia de una flor que se convirtió en una inspiración. La inspiración de una mujer que sigue más viva que nunca. Ella es Gabrielle Chanel y su pasión por la camelia, está más presente que nunca en su universo creativo. La explicación podría ser uno de nuestros cuentos de amor favoritos. Casualidad o no. Nunca sabremos qué es lo que le hizo tomar esa decisión pero un día, Arthur Boy Capel apostó por una flor entre todas las que hay. Pero no una cualquiera. Una cuyo nombre es la camelia. El joven aparecía siempre acompañado con muchas de esas flores para regalárselas a su amante. Entonces, ella adornaba su ropa y su pelo con ese detalle que enseguida se convirtió en costumbre. Es lo que tiene el tiempo y hacer las cosas por amor. Que se mantienen. Que se resisten a perderse. Que casi parece que vayan a ser eternas. La camelia es diferente a otras flores. Por fuera y por dentro. Para empezar, no despierta el sentido del olfato no porque no pueda si no porque no quiere. Ella no. Por más que te acerques a sus pétalos, por mucho que inspires, la camelia no le susurra nada a tu nariz. Limpia. Etérea. Transparente. Pura. Al principio, suena a decepción. Todos esperamos recibir algo a cambio cuando olemos una flor. Sin embargo, al cabo de unos segundos, te das cuenta de que eso es precisamente lo que la hace especial. No hay otra igual. Coco lo sabía. De hecho, la diseñadora no tardó en descubrir que la camelia era su flor. Y lo era porque no apagaba el aroma de su mítico perfume, el que bañaba su piel. El mismo que anuncia la llegada de una mujer y alarga su marcha. Podía llevar todas las camelias habidas y por haber que Arthur le regalara que nunca, nunca se perdería el rastro de su fragancia. Por eso se enamoró de esta flor y terminó convirtiéndola en uno de los iconos de la marca. Sí, el universo de Chanel es mucho más que la doble C cruzada. En realidad, de quién se enamoró locamente Coco fue de Capel. Quizás, no existe otra forma de enamorarse. O todo o nada. O juntos o nunca. La pareja lo tuvo claro y disfrutó de una relación a escondidas durante nueve años, hasta que él falleció en un accidente automovilístico. Después, vinieron otras relaciones pero ninguna tan intensa como la que protagonizaron ellos. De esa historia, nos quedó el mejor testigo. La camelia aflora en estampados, detalles de marroquinería, broches y ha inspirado incluso una colección de joyas, Camélia Galbé. No es solo un capricho, que también. Es un pequeño homenaje a las grandes historias de amor. Ese amor que, aunque no tenga fragancia, huele a verdad. Oro blanco en 18 quilates y diamante. Si miras la pieza, te olvidas hasta de pestañear. Hay una flor que no marchita nunca: la camelia de Coco Chanel.

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