Moda

Blanco de verano

Brilla el sol, suben las temperaturas y la estrella del verano sale a la calle: este vestido es el único que querrás lucir en los próximos meses.
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Brilla el sol, suben las temperaturas y la estrella del verano sale a la calle: este vestido es el único que querrás lucir en los próximos meses. No llevé pantalones de manera voluntaria hasta que me topé con esa desconcertante etapa de la vida conocida como adolescencia. Y digo desconcertante porque estoy convencida de que pensaba con más claridad en la infancia que durante los cinco años posteriores a la pubertad, aunque con ella mi armario ganó en diversidad. Pero volvamos a los vestidos. Mi devoción por esta prenda me permitía llevar una vida completamente normal a excepción de esos días, esos dos días a la semana, en los que tocaba Educación Física, entonces más conocida como “gimnasia”. Me salí con la mía asegurándole a mi madre que habían cancelado la clase un par de veces, pero a la tercera recibió la llamada del colegio y pasé a alternar los vestidos con el chándal. Nunca lo entendí. Yo estaba perfectamente cómoda corriendo o saltando con mis vestidos, por no hablar de que la caída y el contoneo del tejido daban lo mejor de sí en movimiento. No hace falta que confiese que fui una niña cursi. Pero todavía no he dado con otra prenda que me haga sentir el mismo tipo de libertad. Por eso no me ha costado entender la actitud de los diseñadores esta temporada en la que los vestidos vuelven a recuperar protagonismo. Aunque hemos visto estampados y colores sólidos, el favorito es el vestido blanco en algodones muy ligeros, gasas casi transparentes o sedas y encajes que normalmente dan vida a pijamas, batas o camisones. Si de lo que se trata es de sentirse libre, ¿hay un camino más rápido que salir a la calle en lencería? Es una idea que viene de largo. La primera que dio un paso en esa dirección fue la diseñadora que con más convicción (del tipo que roza la cabezonería) apostó por facilitar la vida a las mujeres: Coco Chanel. En 1916 presentó en su boutique de Deauville una colección en la que parte de las piezas estaban elaboradas en tejidos y colores (blanco roto y nude) que hasta el momento solo se llevaban ocultos bajo la ropa. Bajo la ropa masculina, por cierto. No es difícil concluir que Alexander Wang hizo suyo ese espíritu para la colección con la que se despediría de Balenciaga, o que detrás de las propuestas de Francisco Costa para Calvin Klein Collection hay algo más que el slip dress que tan bien lució Kate Moss en el 93. Otra corriente de firmas, entre las que se cuentan Philosophy di Lorenzo Sera ni, Givenchy o Erdem, se decantaron más por la ropa interior de la heroína victoriana que no necesita ni vestido ni corsé porque tiene suficiente con sus enaguas. Con las cartas (definitivamente blancas) sobre la mesa, es el momento de poner la idea a prueba para contarlo. Aunque puede que después no quieras volver a saber nada de pantalones. Texto publicado originalmente en el número 8 de L’Officiel España.
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