Moda

Balenciaga: mi jefe

Visionario de nuevas siluetas, hizo feliz a la mujer al dotarle de una segunda piel a través de sus prendas. Se ganó la etiqueta de genio de la alta costura y dos hombres le ayudaron a conseguirlo. Este libro lo corrobora.
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Estudió el pasado y construyó un presente atemporal. No hay mejor manera de definir el trabajo del que siempre será el artífice de una nueva figura femenina, Cristobal Balenciaga (enero de 1895 - marzo de 1972). 

 

Una nueva revolución en el textil comienza en 1917 cuando con la primera casa de costuras del modisto de Getaria, que abre sus puertas en la calle Vergara de San Sebastián (España), da una vuelta de tuerca a los tejidos, cambia el sentido de los volúmenes y enfunda a la mujer en una segunda piel, como sus propias clientas han ido confesando a lo largo de la hisroria. Dotado de agujas e hilos, este pequeño espacio pronto queda invadido por la ilusión de un experto en la materia y un modesto equipo de trabajo que, mano a mano con el jefe, hacen de la firma naciente un referente en la industria ya desde sus comienzos. Confecciona y gusta, de ahí que en 1933 los brindis se sucedan para aplaudir la inauguración de la primera sede de la casa en Madrid. 

Aunque maestro de maestros (recordemos que sirve de gurú para modistos de la talla de Hubert de Givenchy (febrero de 1927 - marzo de 2018) al formar a todos los trabajadores del diseñador francés en sus talleres), genio entre telas y hacedor de cualquier patronaje imposible, ni siquiera él está dotado del don de la omnipresencia, por muy Dios que pareciera. Por eso, sólo un hombre de confianza podría valer para ser sus ojos en la capital tras la apertura de la tienda: Juan Emilas Goenagas, quien entra a trabajar con Cristóbal Balenciaga a la edad de 17 años para aprender el oficio de la costura y con 33 años se hace cargo de esta apuesta madrileña como maestro de sastrería y director técnico, es decir, responsable de las colecciones de temporada hasta su fallecimiento en 1964.  

A esta mano derecha hay que sumarle una segunda, la de Juan Mari Emilas, hijo de Juan, también aprendiz de costura en los talleres de Balenciaga y posterior tomador del testigo en la amistad con el modisto. Una relación que comienza siendo meramente profesional, de jefe y empleado, hasta el cierre de la tienda madrileña en 1968; fecha en la que Cristóbal Balenciaga se retira a un caserío en el monte Igueldo y Juan Mari Emilas abre su propia tienda de costura en el mismo destino. Caprichosa la vida de querer que ambas sagas familiares sigan compartiendo vivencias, ambos vuelven a encontrarse en una casa de tejidos. A partir de ahí, sólo dos años tienen para disfrutar de una amistad entrañable y una colaboración profesional asentada, que culmina con el fallecimiento de Balenciaga en 1972. Poco tiempo, pero el suficiente para que Emilas hijo conozca al jefe, al hombre cálido, honesto y tremenadamente generoso que es el modisto. Así lo relata Mariu Emilas, hija de Juan Mari y cuarta generación de una familia dedicada a la alta costura durante más de cien años. Ella, licenciada en Bellas Artes, es la autora de BALENCIAGA: MI JEFE (Círculo Rojo), el libro basado en las notas manuscritas de su padre; una obra de memorias inspirada en las transmisiones orales de dos generaciones de la familia Emilas en su ejercicio profesional con el modisto a lo largo de 53 años. 

 

El libro relata de forma intimista quién es Cristóbal Balenciaga, como jefe y hombre; también sus orígenes como marca y su repercusión en la moda española e internacional. Lo hace a través de un viaje realizado conjuntamente por Balenciaga y esta familia. El argumento, que recoge la atmósfera y el funcionamiento de sus talleres, dedica especial interés a la clientela de la época, al testimonio del personal destacado de sus casas españolas; y expone la experiencia, casi en primera persona, de Juan Mari Emilas como amigo del maestro en la última etapa juntos, y que él mismo dejó escrita antes de su fallecimiento en el año 2010.

BALENCIAGA: MI JEFE vio la luz por primera vez el pasado 4 de noviembre en el Symposium Internacional Balenciaga: Shaping Fashion, que el museo Victoria & Albert de Londres organiza con motivo de la exposición del mismo nombre que actualmente alberga su sede. Todo un sueño hecho realiad: “Mi padre nunca hubiera imaginado que algo tan íntimo y personal se diese a conocer en uno de los museos más importantes del mundo”, confiesa Mariu Emilas impresionada por la enorme repercusión y gran acogida del libro desde su publicación.

 

(...) genio entre telas y hacedor de cualquier patronaje imposible, ni siquiera él fue dotado del don de la omnipresencia, por muy Dios que pareciera

No es de extrañar, aunque la modestia se quiera abrir paso, que un testimonio tan vivido genere tal expectación. Principalmente, si hablamos de un hombre “tímido, muy reservado, discretísimo, con un sentido del humor muy peculiar y perfeccionista, tal y como fue descrito por mi padre. Yo añadiría que fue un hombre elegante en sus formas y en su interior”. Y es que justo esta perfección fue la que el maestro convierte en rasgo indentificador de sus creaciones, ya que para él no existen las horas de trabajo; las prendas se deshacen y rehacen hasta quedar perfectas. Algo que, a día de hoy, resulta impensable debido, entre otras razones, a las cadenas textiles existentes y los rápidos sistemas de producción que anulan, casi por completo, cualquier atisbo de artesanía. Nada que ver con la forma de trabajo de Balenciaga. “La industria de la moda actualmente guarda muy poca relación con la alta costura realizada hasta la aparición del prêt-à-porter. Mi familia se ha dedicado a la alta costura y reconozco que me maravilla ese concepto. Era propio de la clase privilegiada, la que tenía acceso a la exclusividad. La elegancia en el vestir debía ser exquisita. Suponía una forma de vida inconcebible sin el vestuario adecuado: un exclusivo guardarropa de mañana, tarde y noche. Siempre como expresión de la propia personalidad y de enardecimiento de un gusto refinado. Un trabajo en taller que se complementaba con el de sombrereros, botoneros o guarnicioneres, entre otros”. En definitiva, grandes profesionales centrados en la búsqueda de la perfección, la pasión por los detalles y los matices exquisitos. 

La pasión por el oficio que desempeña este maestro, en su época dorada, probablemente, es la culpable de que antes, hoy y después esta figura de la alta costura vaya a ser siempre entendida como firme representante del nuevo rumbo de la moda desde ese comienzo de siglo. Respetado, seguido, imitado y admirado, Balenciga es el jefe soñado. “Mi padre y todas las personas que he conocido cercanas al couturier, cuando le han descrito como jefe, han dicho que fue un hombre de mucho carácter, tremenadamente exigente, implacable con el error y la vulgaridad; y del mismo modo, tremendamente generoso. Y así fue”, palabras pronunciadas por Mariu que recuerdan a las mencionadas por muchos discípulos de Balenciaga entrevistados en diferentes momentos. “En el libro cuento que enseñó su técnica personalmente y no sólo al personal de sus talleres, también a jóvenes emprendedores como Courrèges, Ungaro y otros muchos cuyos objetivos fueron abrir sus propias casas de costura”. 

 

“Mi padre y todas las personas que he conocido cercanas al couturier, cuando le han descrito como jefe, han dicho que fue un hombre de mucho carácter, tremenadamente exigente, implacable con el error y la vulgaridad; y del mismo modo, tremendamente generoso. Y así fue”

Ante esta nueva muestra de su generosidad, se podría decir que su máxima es compartir. Y, claro, en toda intención de ofrecer también se encuentra la de recibir. No sólo enseña, aprende; y lo hace de todas aquellas personas que comparten jornada laborla con él. De ahí que la familia Emilas es una de las que más enseñanzas ofrece al maestro durante su vida.Tanto Juan como Juan Mari dan forma a los sueños del modisto, dedican miles de horas a su trabajo en busca de la perfección, sin parar hasta encontrar la excelencia. Algo que sólo es posible si existe un entendimiento, una compenetración y un trabajo conjunto. Intercambio recíproco de saberes, maña, destreza y  técnica. También ilusión y nueva visión. Enseñanzas que van y viene y que la principal adquirida por la familia Emilas se resume en una cita del propio Juan Mari: “Si algún día escribiese un libro sobre Balenciaga, expresaría que para mí fue un honor haber tenido la posibilidad de estar tan cercano a su persona, que a sus trabajadores supo inculcarnos sus principios: un nivel muy elevado de autoexigencia, el amor por la perfección y el trabajo bien hecho. Describiría que a su lado aprendimos a vivir nuestro oficio como una vacación. Entendimos que en nuestra profesión artesanal no existe un número determinado de horas dedicadas a una prenda, que si hace falta se suelta y se comienza desde el principio y que, donde no hay perfección, no hay un trabajo concluido”. 

Una confesión que resume la crónica de un trabajo bien hecho, incluso y por qué no, de la única forma posible de triunfar. Este libro, esta familia y este genio son el claro ejemplo de que para llegar a lo más alto, uno siempre tiene que dejarse impulsar por buenos compañeros.

 

Artículo publicado originalmente en el número 29 de nuestra edición impresa.

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