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¿Hay vida después del helado de vainilla?

Deja todo lo que estás haciendo y sal de casa.
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Deja todo lo que estás haciendo y sal de casa. Destino: tu heladería más cercana. Misión: comprobar que todavía queda helado de vainilla.

No estábamos bromeando. Te decíamos en serio lo de dejarlo todo. Hay cosas que no pueden esperar. Así que si ahora estás de camino a la heladería, a nosotros nos gustaría acompañarte, si no te importa, para contarte algo que ha hecho que salten todas las alarmas. La vainilla se está acabando.

Todo empezó el pasado mes de marzo. Fue entonces cuando el ciclón Enawo destruyó las plantaciones de vainilla de Madagascar. La cosecha se redujo hasta un 30% y la pérdida de calidad no se hizo esperar. La isla, principal responsable de la producción de este producto a nivel mundial, ha tomado las primeras medidas para controlar su consumo y venta. La que menos ha gustado: la inflación del precio. En los últimos años, la situación ha empeorado y su coste por kilo ha pasado de 175 dólares a 700.

La vainilla sigue siendo el sabor más consumido en España, por grandes y pequeños. Solo así se entiende que haya conseguido mantenerse en todas las vitrinas de heladerías a pesar de las novedades y de los sabores más extraños que despiertan nuestra curiosidad. Por mucho que nos guste experimentar, también se agradece saber que la vainilla nos estará esperando para cuando queramos el sabor de siempre, el clásico, el que nunca falla. El helado de los recuerdos de los veranos o el que te compraban de pequeño, después de cenar, mientras dabas un paseo en familia. El helado también de la tarrina en el congelador para una tarde de invierno. Por qué no.

Ya debes estar llegando a tu heladería. La que te espera después de un día largo de trabajo. La que entiende tus antojos y la que te ha preparado tu sabor favorito. Y no queremos interrumpir este momento pero ha llegado la hora de admitirlo: hay escasez de vainilla. Quizá deberías empezar a buscar un sustituto. Stracciatella. Fresa. Dulce de leche. Acuérdate del chocolate. O no.

No te acuerdes de nada más. Si estás en la vitrina y ya te han preguntado “te pongo lo de siempre”, responde que sí. Eso significa que estás de suerte. Todavía hay helado de vainilla. Todavía te mereces disfrutarlo como si fuera el último que te comieras. Por cierto, nosotros queremos otro. De vainilla, claro.

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