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Poco se habla del ‘skinny shaming’

¿Hasta qué punto puede utilizarse la delgadez de una persona como insulto?
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¿Hasta qué punto puede utilizarse la delgadez de una persona como insulto? El debate está servido. En el diccionario urbano, referente de información acerca de tendencias, conceptos y expresiones que se utilizan a pie de calle, se define el ‘skinny shaming’ como “hacer pequeños comentarios relacionados con el peso de alguien con la intención de hacerles sentir avergonzados con su constitución naturalmente delgada”. También añade, en un tono un poco más cómico — aunque nada alejado de la realidad —: “cuando alguien es delgado por naturaleza y la gente le dice que debería comerse una cheeseburger”. Lo cierto es que no es algo con lo que no estemos familiarizados. Actualmente vivimos en una sociedad que se preocupa más que nunca por su apariencia física. Sin embargo, las modelos que vemos en las campañas y desfiles ya no representan un cánon de belleza tan específico, pues hemos sido testigos de una revolución del movimiento a favor de los llamados “cuerpos reales”, así como del potencial de las modelos plus size, de las bellezas atípicas y en definitiva, de la introducción en la industria de nuevos conceptos acerca de lo que es bello, y lo que no lo es tanto. Una diversificación y heterogeneización de los referentes estéticos que parte de la intención de no discriminar a nadie en base a su apariencia física.

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Una foto publicada por Victoria's Secret (@victoriassecret) el 19 de Feb de 2016 a la(s) 9:02 PST

Pues bien, el resultado es que cada vez se está dando una mayor inclusión de otras tipologías de cuerpos en la industria de la moda, porque unos kilitos de más no deberían avergonzar a absolutamente nadie. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que en el frenesí que ha supuesto aprender a ver la belleza más allá de una figura perfecta, hemos dejado olvidado a un sector poblacional que continúa siendo objeto de burlas constantes: el de las mujeres y hombres naturalmente delgados. “Le vendría bien comerse una pizza”, o “pobre chica, le faltan unos cuantos cocidos” continúan siendo expresiones que escuchamos con — demasiada — frecuencia, dirigidos a personas cuya constitución es (porque siempre lo ha sido) delgada. El debate acerca del ‘skinny shaming’ trata de razonar por qué está socialmente aceptado avergonzar a alguien por su bajo peso, si no lo está hacerlo a alguien por encima de él. Sobre todo ahora que tanto se habla de los cuerpos “reales” (que por definición debería incluir a personas altas, bajitas, más delgadas, menos delgadas, todas y cada cual con sus defectos y virtudes), la polémica está más presente que nunca. ¿De qué bando estáis?

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