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La cuestión de la leche

Hacemos un repaso por los distintos tipos de leche disponibles en el mercado y ponemos sobre la mesa cada una de sus características.
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Hacemos un repaso por los distintos tipos de leche disponibles en el mercado y ponemos sobre la mesa cada una de sus características. De la un día encumbrada y hoy vilipendiada leche de vaca a la de avena (la última en unirse al club de las “leches saludables”) estas son las propiedades de los distintos tipos de leche que puedes añadir a tu café cada mañana. La de siempre La leche tradicional, la de vaca que hemos tomado desde pequeñas, en versión entera contiene altos niveles de potasio y grasas, carbohidratos, proteínas, vitaminas y minerales en niveles equilibrados. El principal problema de este tipo de leche (además de que hay mujeres que no están dispuestas a asumir su aporte calórico) es la lactosa, que para algunas personas puede resultar complicada de digerir. El sustituto ideal solía ser su versión desnatada, pero el sistema por el que eliminan la grasa no deja de convertir a este tipo de leche en un alimento procesado. Al eliminar la grasa se le suelen sumar aromas artificiales, azúcar y algunos aditivos químicos para que su sabor sea más agradable. ¿Cuál es la mejor opción? Si eres una verdadera amante de la leche de vaca, opta por la orgánica. No tiene hormonas, ni pesticidas y antibióticos, y cuenta con niveles de omega 3 más altos. La de soja Cuenta con menos contenido en azúcar que la leche tradicional, y puesto que ya llevamos varios años conviviendo con ella, su precio es más asequible que el de otras alternativas a la leche. El lado positivo de la leche de soja está en que contiene fitoestrógenos, que facilitan la absorción de calcio. El lado malo es que muchos nutricionistas han dejado de recomendarla porque también se trata de un alimento altamente procesado. La de almendra Podríamos decir que es la nueva estrella de las cafeterías. La leche de almendra es perfecta para los intolerantes a la lactosa y contiene los mismos nutrientes que la leche de vaca, aporta altas dosis de vitaminas, pero con menos calorías. Es beneficiosa para la salud cardiovascular, para mantener unos niveles de azúcar en sangre adecuados y para mantener la piel hidratada. Pero hay que leer atentamente las etiquetas: algunas versiones se presentan con azúcar o sal añadidos. La de coco Es perfecta porque se hace a partir de la pulpa del coco, y contiene ácidos grasos de cadena media, que benefician a la tiroides y ayudan a acelerar el metabolismo. Puede ayudar a perder peso aunque su aporte calórico sea superior al de las anteriores. También es rica en vitaminas, hierro y fibra y contiene ácido láurico y caprílico, que son antibacterianos y antivirales. La de cabra Para aquellas dispuestas a volver a nuestros orígenes, la leche de cabra es una opción perfecta. Entre sus beneficios se cuentan los siguientes: tiene más calcio que la leche de vaca y más magnesio, por lo que ayuda a mantener los huesos y los dientes sanos y el sistema inmunitario funcionando a la perfección. Además, sienta mejor a los intolerantes a la lactosa. Aporta vitaminas del grupo B y selenio, pero puede resultar muy grasa para algunas personas. Su aporte calórico también es más alto que el de la leche tradicional. La de arroz Es perfecta para aquellas personas que suelen padecer alergias a la comida, porque el arroz es uno de los alimentos hipoalergénicos por excelencia. Su sabor es el menos marcado, por lo que es perfecta para mezclar con otros ingredientes. El lado negativo es que su aporte en carbohidratos es alto, y que no cuenta con tantas vitaminas y minerales como las versiones anteriores. La de avena Es una buena alternativa porque aporta hidratos de carbono, vitaminas E, D y B, minerales y carotenos. Mejora la flora intestinal por su contenido en fibra y ayuda a evitar la sensación de hambre. Además, es beneficiosa para la piel.

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