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El diseñador David Delfín se enfrenta a su otro yo, ese que no quiere ejercicio, pero gana y se pasa los días en el gimnasio.
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El diseñador David Delfín se enfrenta a su otro yo, ese que no quiere ejercicio, pero gana y se pasa los días en el gimnasio. Hoy hemos vuelto a discutir. Raro es el día que no lo hagamos. Día sí y día también. Que porque toca piernas, porque tiene agujetas, porque está cansado… Ya nos conocemos, somos viejos amigos, cuarenta y cinco años inseparables. Él, muy listo a veces para frenarme, se inventa síntomas, pero como no les hago caso, sigo adelante. Algunos días me falta la paciencia y me enfado, y le insulto y le dejo claro que soy yo el que mando. De camino al gimnasio con mala cara se sigue quejando. Yo me río, su comunicación no verbal es digna de análisis: frunce el ceño, parpadea muy rápido, aprieta la mandíbula, se cruza de brazos. Es muy pessado, así con doble s. Eso me lo enseñó Almodóvar, pesada y asada siempre se pronuncia con doble s. Pues eso, si tengo que hacer quince repeticiones de un ejercicio, en la décima ya empieza a protestar, y en la duodécima quiere parar, que no puede más y yo le digo que sí. Y puede y lo dejo en evidencia delante de Julio, nuestro entrenador, que se ríe de nuestros numeritos mañaneros. ¿Habéis visto Quién teme a Virginia Wolf? Sabe que quiero lo mejor para él, para los dos, y al final consigo hacerle entrar en razón, incluso alguna vez me lo agradece. Y llega el momento de comer y ya empezamos otra vez. No conozco a nadie que le gusten los hidratos de carbono y los fritos más que a él. Bueno sí. Yo le hablo de macrobiótica, crudiveganos, de los zumos de Press & Reset, pero nada, si fuera por él se alimentaría exclusivamente de patatas fritas, pasta, ensaladilla rusa, tortilla de patatas y croquetas. Para colmo, ahora también le gustan los dulces, él que siempre fue de salados. Debe ser la edad. Así que a veces me toca ceder y cuando se porta bien le premio, hasta algún día dejo que coma todo lo que se le antoja, incluso algunas copitas, que cada vez le gusta más el drinkin. Yo creo que es porque sabe que de esa forma me saca de juego y, sinceramente, no os voy a engañar, se lo agradezco, le dejo. No os creáis que nos llevamos tan mal, en realidad no podemos vivir el uno sin el otro. En ocasiones nos sentimos muy bien juntos, trabajando, leyendo un libro (por favor no os perdáis En la piscina vacía de Félix Sabroso) o comiendo pipas viendo la tele en casa. Al final nos damos cuenta de que la mayoría de las veces cuesta más pensar las cosas que hacerlas, así que Just do it!   Artículo publicado originalmente en número 3 de L'Officiel España

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