Volvemos a caer rendidos (y enamorados) frente al Gucci de Michele - L'Officiel España
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Volvemos a caer rendidos (y enamorados) frente al Gucci de Michele

Si hay un diseñador, hoy en día, que se está haciendo un gran hueco en los corazones de los amantes de la moda y de todos aquellos que trabajan en ella, ese es Alessandro Michele.
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Si hay un diseñador, hoy en día, que se está haciendo un gran hueco en los corazones de los amantes de la moda y de todos aquellos que trabajan en ella, ese es Alessandro Michele. Su poder para hacer de todo lo que toca glitter y estampado preciosista le han colocado en un trono ganado a golpe de diseño y amor por hacer de lo italiano, por fin, algo tremendamente chic. Un resultado inusual pero que no solo le está acarreando el favor de crítica y entendidos en la materia sino el de un público que, como nosotros, queda abrumado por tanta salida maximalista donde lo barroco le hace rozar la maestría y el éxito final queda más que asegurado. Una colección ready to wear para la primavera 2017, en la que la década de los 70 sigue tocando fuerte y donde las líneas masculinas siguen en su proceso de feminización. Prendas que se alejan de cualquier idea preconcebida que tuviéramos de la casa florentina, y más cuando se encontraba aún bajo el influjo de Tom Ford o Frida Giannini, que nos vuelven a encarrilar en esa sofisticación bohemia que toma mucho prestado de artes como la pintura y la escultura. Una colección dispuesta para epatar y seducir al respetable que, sintiéndose parte de un club setentero bien cargado de humo (para esta ocasión el enclave elegido fueron los antiguos talleres de trenes de Vía Valtellina, justo en el norte de la estación Porta Garibaldi) no puede por más que sentirse a la espera de que su look estrella haga su aparición. Una incertidumbre que mantiene en vilo hasta el final del desfile, justo en el momento en el que el carrusel hace su aparición y los brocados, los estampados, la impecable sastrería, las siluetas oversize, la bisutería a granel, los volantes y plisados, la seda y el algodón, el raso y el hilo y todo aquello que nos inspira leer literatura del XIX, nos vuelve a engatusar, enamorar, seducir como la vez primera.

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