Hommes

The Hathaway Tailored, what else?

Muchos pensarán que la exclusividad se paga, que el poseer aquello que el de al lado no tiene es insultante en estos tiempos que corren o que el apostar por diseños y tejidos hechos casi para nosotros puede otorgarnos ese rollo snob del que siempre hemos huido.
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Muchos pensarán que la exclusividad se paga, que el poseer aquello que el de al lado no tiene es insultante en estos tiempos que corren o que el apostar por diseños y tejidos hechos casi para nosotros puede otorgarnos ese rollo snob del que siempre hemos huido. No tienen ni idea. El que a la hora de elegir nuestro vestuario, nos decantemos por hacérnoslo a medida tiene solo que ver con nuestra pasión por la moda, nuestro amor por las medidas, los tiempos y la posibilidad de elección de entre todas las alternativas habidas y por haber. Algo que la firma The Hathaway Tailored tiene cosido “a fuego”. Nos encantan las personas con carácter, disfrutamos cuando nuestro interlocutor tiene personalidad y no hay nada mejor para atraer nuestra atención que algo rotundo, algo que por su propio peso caiga y deje huella. Hay dos tipos de hombres: los que se conforman y los que arriesgan. Sin duda, los hombre de The Hathaway Tailored, de su sastre Josué Martín Torralba, arriesgan, ganan y encima con esa elegancia relajada, touch of class innato y que no necesita de grandes pruebas para desmarcarse del resto. Lo que parece pasar desapercibido, también atrae. Un gusto por la sastrería masculina, en el modo más tradicional de entender el oficio, pero con ese giro de tuerca atípico que hace de lo sencillo, de lo bien hecho, de ese paso más, nuestro mejor tanto para lograr darle la vuelta al marcador. Una manera de hacer las cosas que fusiona la sofisticación del parisino y lo impecable y sobrio de un tío sueco, cortado al bies del cliente que puede elegir desde las telas, los botones, los forros, el tipo de cuello o lo que se tercie según sea su sueño a materializar en prenda. Una labor artesana pero en la frecuencia de la mejor onda que no solo confecciona esos looks para el día, la noche, el ocio o el trabajo sino que nos abre a un mundo nuevo de opciones entre las que poder elegir como niños en una fábrica de caramelos. Prendas que con el tiempo se convierten en talentosas piezas de arte, cosidas a mano, concebidas para exudar savoir faire. Hay hilvanes, puntadas que se hacen mecánicamente. Estos salen directos del corazón.

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