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Slip, calzones o boxer: una elección en la vida

Señores, hablemos de lo que tenéis en el pantalón.
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Señores, hablemos de lo que tenéis en el pantalón. En fin, debajo. Ese cm2 de tela es una de las discusiones más divisorias de la indumentaria masculina. Solo hace falta preguntarse a uno mismo para encontrarse con una avalancha de opiniones, de experiencias compartidas, de observaciones imparciales o apasionadas, e incluso algunas anécdotas divertidas. Esta encrucijada representa millones de facturación y sería incluso un indicador económico equivalente al pintalabios. En el mundo anglosajón, la pregunta es tan esencial que se merece más de veinte millones de respuestas en Google, y que a los internautas se les ofrece incluso un link a Wikipedia para consultar el término. Llega a tal punto que invita a que los políticos hablen de ello. Mucho antes que Monica Lewinsky, toda América sabía lo que Bill Clinton escondía bajo su mesa desde que Laetitia Thompson, con 17 años, se lo preguntara en directo en un foro de la MTV en 1994. El Commander in briefs (juego de palabras inglesas entre calzones y jefes) había indicado su preferencia por el slip. Porque al final el juego de la ropa interior masculina no solo es una elección para estar cómodo: nos lleva a una especie de test de rorschach sobre la personalidad y es el tique de entrada a una tribu urbana en particular. Como último impulso antes de la vulnerabilidad de la desnudez, su elección no es anodina. Ponte uno inadecuado y olvídate de toda tentativa de seducción. ¡Es más fuerte que ningún eslogan! En este año electoral, ¿se hubiera ganado tiempo en debates si preguntáramos directamente a los señores Macron, Fillon o Hamon sobre desvelar lo que llevan debajo de su programa? Un golpe de tijeras inspirado Tema manido en grandes artículos, cada publicación tiene su posición, de la más moderna a la más seria –hasta el tan respetable Forbes ha publicado su artículo–. Al hilo de las opiniones, las excusas no están permitidas, incluso para el hombre más indiferente. Es un indicador de cada generación, de cultura e incluso de orientación. Para resumir, antes no había más allá de camisas y otras prendas sobre la piel, pero alrededor del siglo XX apareció el slip (dieron que hablar los escaparates de Marshall Field & Co. en 1935 con la marca Cooper) después del calzón (inspirado en los boxers de Jacob Golomb de la firma everlast que se popularizaron después de la II Guerra Mundial). Hasta los años 60 su función era sobre todo higiénica o deportiva, pero esta pelea de titanes estaba a un paso de perderse entre estos dos grandes favoritos, a medida que crecía el interés (y los avances textiles) por el boxer. Aparecido a principios de los 90 cuando John Varvatos, en aquel entonces a la cabeza de la división masculina de Calvin Klein, acortó un calzón largo de malla a golpe de tijera bien inspirado. Desde la aparición de este rival que nos presenta la lencería masculina se ofrecieron nuevas ventajas y un aliciente a la sensualidad, y que además no deja de creer en la moda y en las costumbres. Para los espíritus generosos, el slip es Tom Cruise en Risky Business. Para otros, nos recuerda a la infancia, y al cómico y autor Christian Clavier y su vellosidad en su obra Les Bronzés. Esta prenda es la consciencia sobre la moda y el cuerpo, y será la elección del apasionado de la moda, del que entrena su cuerpo con asiduidad y de David Beckham. Todo esto se trabaja, no es cosa del destino. Es un arma de seducción masiva. El boxer se ha vuelto un símbolo de seducción por excelencia porque ofrece ventajas. Permite por un lado aceptar la marcha del slim y, por otro, poner en valor el arte de mostrarlo sin tocarlo, como Marky Mark –perdón, Mark Wahlberg– de Calvin Klein en Times Square en 1993. Calzón, boxer, slip Desde siempre ha sido tachado como una prenda esconde sexo. Descrito por su falta de retención, el calzón de cualquier forma no ha dicho su última palabra. Algunos la han convertido en la ropa interior ideal para preservar la fertilidad, ya que no comprime, no molesta a la hora de la regulación térmica y permite la movilidad de los espermatozoides. Contrariamente al hedonismo más ceñido, el calzón mezcla bien con ropa amplia (la desgana del skater que no juega con su silueta ajustada sería su modelo), al contrario que marcas como AussieBum, que, puestas en estos argumentos, le aportan un desenfoque artístico y una cierta belleza al portador. Acabada la comparación de su prominencia, hace falta una intención clara para ir más allá y convencer. En fin, cambiar el punto de mira, pasar de pensar en pequeño a pensar en grande. Un aporte de seducción posible pero menos explícito. Ya sea llevado por Brad Pitt saliendo de una cárcel mexicana sin sus jeans o Nick Kamen metiendo sus 501 en la lavadora en los anuncios de Levi’s, esta prenda les ha ofrecido un sitio en un panteón sin pantalón. Calzón, boxer, slip... Son pequeños nombres que recuerdan que es algo íntimo. Más que algo que se lleva debajo que no se puede ver, simboliza también un poco ese margen entre el interior y el exterior, ya que se transforma tranquilamente en pijama o en ropa de estar por casa de alta gama, este pequeño guiño que nos permitimos en fin de semana solos o acompañados. Transformado en símbolo a pesar de un estilo de vida, encuentra incluso su nobleza con la vuelta a las escenas de Sunspel, mayorista no solamente del famoso calzoncillo blanco de Nick Kamen, sino también del inglés más sexy de la gran pantalla, James Bond. Si hay que personificar el objeto entre el boxer que hace figura de género ideal y el slip del canon latino, el calzón sería más bien ese tipo que al principio es un poco negligente pero que al final atrapa, el que tiene el potencial de convertirse en algo más que un premio en una vitrina de trofeos. En esta época donde lo slow es una vertiente por la cual intentamos encontrar el dominio del tiempo, lo instantáneo, el calzoncillo, podría ser el símbolo de la vuelta a los orígenes.

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