¿Por qué Periscope nos aterra y alucina a partes iguales? - L'Officiel España
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¿Por qué Periscope nos aterra y alucina a partes iguales?

Vengo de una generación que creció con Messenger y sí, en aquella época era lo más.
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Vengo de una generación que creció con Messenger y sí, en aquella época era lo más. La imagen que proyectabas era cosa de escoger tu foto de perfil en un mini-cuadrado que apenas se veía y un nick ingenioso y la webcam pixelada solo la usaban los más atrevidos. Nos pasamos a Tuenti, Twitter y Facebook y llegó la necesidad de transmitir a los demás la mejor versión de nosotros mismos a través de un perfil. Subíamos fotos y estados que nos hacían parecer más interesantes y los más exhibicionistas nos contaban cada caloría que quemaban en el gym, si estaban bien o mal con sus parejas o si preferían comprar Cola-Cao o Nesquik. La tecnología avanzaba a pasos agigantados y, como era de esperar, nos hicimos tan bien a los smartphones como a las nuevas redes. Instagram apareció y trajo consigo un tsunami de postureo y de egobloggers, le dimos la bienvenida a un mundo de selfies, likes y vidas idílicas. Snapchat iba un poco más allá: vídeos con una vida muy corta, inmediatos, en los que no había ni trampa ni cartón. Un paso más enseñando nuestras vidas del que ni siquiera éramos conscientes La última red social, como cabe esperar, llega a nuestras manos de una forma tan atractiva como inquietante. Es Periscope y ahora no se trata sólo de compartir vídeos, sino que además son en directo y puedes interactuar con tus espectadores. Una retransmisión televisiva en la que cualquier usuario puede entrar y verte hacer lo que sea que estés haciendo e incluso opinar. Prueba a ponerte delante de la cámara en Periscope y prepárate para una ola de comentarios de desconocidos. Caben proposiciones, críticas, halagos y cómo no, también insultos. ¡Puedes sentirte famoso durante unos minutos e incluso sentir el ansiado efecto fan! Pero…¿todo esto a qué precio?¿Harías cualquier cosa para conseguir unos minutos de atención?. El problema no son las redes, el problema somos nosotros. El mundo no es idílico y un exceso de exposición no le viene bien a nadie. Ya hemos escuchado un sinfín de noticias de acoso y pederastia en redes y, por si fuese poco, hace pocos días se retransmitía el suicidio de una adolescente francesa en directo. Que sí, que las redes sociales están muy bien y molan mucho y sí, tampoco queremos quedarnos atrás en esta carrera acelerada que es Internet. El único problema es que estamos creando una realidad distorsionada de nuestro alrededor y lo que es peor, de nosotros mismos. No somos entretenedores constantes, ni imágenes estéticas y perfectas. ¡Somos seres humanos! Sal a la calle, siente el aire, deja el móvil en casa, VIVE. Descubrirás la cantidad de cosas que nos perdemos todos los días (y me incluyo) mientras miramos embobados a la pantalla. Usa WhatsApp, Instagram, escribe un tweet y prueba Periscope. Aprovecha estas redes pero que tampoco te obsesionen, recuerda que el mundo real está ahí fuera y que por suerte, no se puede medir por followers, etiquetas ni likes.

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