¿Por qué nos han obligado a tener que dejarnos el pan? - L'Officiel España
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¿Por qué nos han obligado a tener que dejarnos el pan?

De la misma manera que hicieron con la leche, la carne de cerdo y alguna hortaliza y verdura, de cuyo nombre no queremos acordarnos, el pan ha sido víctima de una cruenta batalla de supina desacreditación.
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De la misma manera que hicieron con la leche, la carne de cerdo y alguna hortaliza y verdura, de cuyo nombre no queremos acordarnos, el pan ha sido víctima de una cruenta batalla de supina desacreditación. De él se dijeron las mayores barbaridades nutricionales, sembrando el desconcierto de los más interesados por comer sano y por no caer en aquellos alimentos que pueden desequilibrar nuestra dieta. Pese a que hubo un tiempo que gozó de suficiente personalidad y simpatía en las mesas de nuestras abuelas, pronto saltaron las voces que quisieron derrocar su denominación como perfecto complemento a nuestro menú. Los medios se hicieron eco y el caos fue imposible de parar. Parece que el convoy pierde, ahora, fuelle y con la exclusividad con la que los productos premium están dotados, situamos a nuestro sabroso compañero de meriendas, comidas de aúpa y cenas distendidas en el lugar del que nadie tuvo que apartarle. Es bueno en proteínas, vitamina B, hidratos de carbono o potasio, nos ayuda a ponernos las pilas en glucógeno y a rendir donde haga falta y es que su aporte energético es envidiable y si es de masa madre, mejor, porque aportará toda esa serie de levaduras primigenias que encontramos en cualquier cereal. Además, sienta tan bien cuando hacemos barcos o mojamos en esa salsita que incita a meter el dedo... ¿Quieres renunciar a eso?, ¿de verdad? Pero tampoco debemos pasarnos y es que a pesar un alimento sustitutivo no debemos panear como si el panadero nos hiciera precio. Lo ideal es acompañarnos de algunos trozos en el desayuno y comida, dejando su versión integral para la cena y en una dosis aún más pequeña, pero nunca dejar de tomarlo. No olvidemos que durante los períodos en los que no había que comer, el pan fue nuestro sustento y nadie se murió de eso, al contrario... ¡Reconozcámosle el gesto y no dejemos que el último currusco se lo lleve el camarero!  

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