¿Por qué nuestra moderación en la mesa puede ser un arma de doble filo? - L'Officiel España
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¿Por qué nuestra moderación en la mesa puede ser un arma de doble filo?

Finalizado casi septiembre y con el pie puesto ya en octubre, es normal que tengamos que echar la mirada atrás y valorar si la dieta que comenzamos a primeros de mes, para quitarnos esos kilos de más que habíamos cogido en verano, ha sido un éxito.
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Finalizado casi septiembre y con el pie puesto ya en octubre, es normal que tengamos que echar la mirada atrás y valorar si la dieta que comenzamos a primeros de mes, para quitarnos esos kilos de más que habíamos cogido en verano, ha sido un éxito. Cuando el nutricionista nos la explicó, aceptamos cada una de sus cláusulas, incluso aquella que decía que teníamos una comida a la semana de libre elección (la comida que quisiéramos) pero tomada con absoluta moderación. Pero, ¿qué significa para ti la moderación? La moderación, como muchos otros conceptos, puede tener una puesta práctica absolutamente subjetiva. Dependiendo de los hábitos que tenga la persona que tenga que implantarla en su rutina, así serán los niveles de moderación. Error. El comedimiento que tendríamos que practicar debía ser común para todo el mundo, sin llegar al exceso y teniendo en cuenta qué comidas tendrían que ser diarias y cuales ocasionales. ¿Sencillo, no? Pues no vale pensar que moderación es quitarse dos bolsas de snacks para limitarse solo a una o de rebajar el bebercio de alcohol de 8 copas la noche a 4. Así no. Muchos tramposos (pero amantes del buen comer) se acogerán a la repetida frase de que cualquier alimento en su justa medida es bueno para un dieta equilibrada pero, no nos equivoquemos, no todos los alimentos pueden declararse fieles a hacernos mantener una silueta esbelta y apolínea. ¿Lo entiendes, no?  Según nutricionistas, mantener a raya esos alimentos conocidos como comida basura (o menos aconsejables) es limitar su ingesta hasta las 150 calorías al día. ¿Qué significa esta cantidad? Que si te gusta el helado, solo te pongas medio cuenco (pequeño); que si no puedes eliminar el brownie de tu vida, solo te comas la mitad; que no bebas latas de refresco a granel y te limites a una por día y sobre todo que si eres amante de las patatas fritas mientras ves la tele o cuando la ansiedad te juega un pulso, limites su cantidad a solo 17 patatas fritas. Ni una más ni… mejor si son menos. Pero bueno, como en todo podemos levantar la mano. Si has adaptado la dieta a tu rutina perfectamente y estás siendo un alumno más que aplicado, no habrá ningún inconveniente en que te desquites y te des un homenaje de vez en cuando. El cuerpo se acostumbra a cualquier regularidad y está bien que te propongas un chute de comida nada beneficiosa pero deseada como la que más. Solo hará que nuestro organismo se ponga las pilas y no se duerma en los laureles. Luego llegará el verano y querremos lucir. Recuerden, no jueguen con la moderación y adáptenla con todas las consecuencias. Valdrá la pena, se lo aseguro.  

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