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La familia Jobs, familia offline

Cuentan que hace 6 años, el periodista de The New York Times, Nick Bilton, preguntó a Steve Jobs sobre la relación que sus hijos tenían con toda la familia de aparatos que su compañía producía.
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Cuentan que hace 6 años, el periodista de The New York Times, Nick Bilton, preguntó a Steve Jobs sobre la relación que sus hijos tenían con toda la familia de aparatos que su compañía producía. A la pregunta de si sus hijos amaban esos móviles, tablets y demás dispositivos, como lo hacía el resto de la humanidad que esperaba colas interminables para hacerse con el último modelo, Jobs fue rotundo y contestó que no los usaban. En casa de la familia Jobs habían restringido su uso. Una vez más el dicho “en casa de herrero, cuchillo de palo” se confirma pero sigue pareciéndonos curioso el hecho de que el fundador de Apple no permita que sus hijos dediquen demasiado tiempo a los aparatos más techies.  ¿Por qué? El caso es sencillo de resolver. No hay mejor persona que aquel que inventa algo para saber qué peligros puede tener aquello que inventa o crea. En este caso, Jobs sabía que su nombre aparecería en los libros y enciclopedias como el sujeto que revolucionó el mundo de las tecnologías de finales del siglo XX y principios del XXI pero también conocía de primera mano, lo nocivo de éstas y de un uso prolongado y sin orden ni concierto. Y es que no es el único que en Silicon Valley que evitaba que sus progenie dedicara más tiempo a los aparatos que a coger un buen libro o a montar en bicileta. Chris Anderson (3D Robotics) no quería que sus hijos jugaran con drones y Evan Williams, co-fundador de Twitter, prefería que sus hijos tuvieran un libro a mano en casa que un móvil con el que pasarse todo el día online. No nos damos cuenta que desde los años 50, en que aparecieron los primeros televisores, hemos crecido pegados a una pantalla. Las grandes del cine, daban paso a los televisores que a su vez cedían el testigo a las máquinas de videojuegos, móviles, tablets y un sinfín de archiperres techie que inundan, hoy, el hogar. Horas perdidas, en muchos casos, frente a pantallas que emiten demasiadas ondas electromagnéticas nada buenas para el organismo o que simplemente pueden ir haciendo que perdamos horas de vista, horas en las que debemos encontrar el equilibrio y el de los nuestros para evitar que males mayores vayan entorpeciendo a nuestra salud, siendo capaces de desconectar el tiempo de reposo que haga falta. ¿Queremos llegar a  los 101 años, no? ¡Qué sabio eras, Steve! 

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