Jamie Bell: “He vuelto. Algo debo estar haciendo bien” - L'Officiel España
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Jamie Bell: “He vuelto. Algo debo estar haciendo bien”

De estrella infantil en el cine a niño bonito de los blockbusters, este actor británico ha hecho de todo y sin pasar por la depresión.
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De estrella infantil en el cine a niño bonito de los blockbusters, este actor británico ha hecho de todo y sin pasar por la depresión. Con una cerveza nos explica por qué. La educación hollywoodiense de Jamie Bell fue precoz. Mientras se toma una cerveza en un café de Beverly Hills, cuenta: “Me acuerdo de un día en que iba en coche con mi madre camino del aeropuerto para volver a Londres. Los Ángeles desaparecía en el retrovisor y ella me dijo: ‘Date la vuelta y mira bien porque a lo mejor no vuelves más’. Yo era solo un crío”. Nacido en Inglaterra, este actor, ahora en la treintena, aparta la mirada, repentinamente perdida en el vacío, como si quisiera dotar de sentido a su increíble carrera desde que se hiciera mundialmente famoso con su primer papel en el cine: el de Billy Elliot, el niño de clase obrera que, contra todo pronóstico, se convierte en bailarín de ballet. La película, rodada en el año 2000 con solo cinco millones de dólares de presupuesto, alcanzó unos ingresos de 109 millones de dólares y consiguió decenas de premios, incluyendo el Bafta al mejor actor para Jamie Bell. Su éxito se confirmó con papeles principales en éxitos de taquilla como King Kong, Las Aventuras de Tintín o Los 4 fantásticos y con su participación en películas independientes como Rompenieves, Le Transperceneige o Nymphomaniac. Volumen 2 o series como Turn. Sin embargo, Jamie nunca ha olvidado las palabras de su madre: “Eran apropiadas. Nunca he dado nada por sentado, ni ella tampoco, y me doy cuenta de que estoy aquí. He vuelto. Algo debo estar haciendo bien”, dice sonriendo. Una infancia caótica Jamie no es una estrella como las demás. Al contrario que Johnny Depp o James Franco, no aparece en los titulares. ¿Puede que se deba a su reserva británica? ¿O a una timidez producto de su caótica infancia, con un padre que abandonó a su madre y a su hermana antes de que él naciera? Quizá sea por haber nacido en Bellingham, una ciudad obrera del noreste de Inglaterra, solo conocida porque allí nació Dunstan Bruce, el cantante del grupo punk Chumbawamba (sí, acordaos de Tubthumping…). El director Stephen Daldry, que se disponía a rodar su primera película, Billy Elliot, después de una exitosa carrera teatral, escogió a Jamie entre los 2.000 chicos que se presentaron para dar vida a ese niño de 11 años y lo hizo por su sentido del ritmo. A los 14 años, Jamie se adentra en una nueva dimensión: “Como crecí sin padre siempre tuve tendencia a buscar figuras paternas, modelos masculinos, y me encontré con este director experimentado, cultivado, brillante, inteligente. Le admiraba profundamente”, explica. Las carreras de ambos dieron un giro de 180 grados. “El éxito de la película fue una rampa de lanzamiento, además de un recuerdo muy especial. Por primera vez en mi vida tuve la sensación de que había cosas fuera de mi pequeña ciudad y quería desesperadamente ser parte de ellas, deseaba que todo aquello durase”. Tras el éxito de Billy Elliot, Jamie Bell fue, según él mismo dice usando un elocuente neologismo, “famoseado” por la prensa: “Hubo momentos delicados, desconcertantes. Como cuando cientos de personas venían a decirme que había cambiado su vida. ¡Yo, que solo tenía 15 años! Me perdí como niño, me dispersé y no siempre fui respetuoso con las personas de mi entorno. A veces no fue agradable”. Esa época dolorosa duró alrededor de año y medio. “Se tomaron buenas decisiones, como la de matricularme en el colegio”. Gracias a ella volvió a poner los pies en la tierra y encontró su camino. “No tenía nada contra lo que rebelarme”, dice. “Mi vida era genial, me aproveché de una oportunidad extraordinaria y estaba agradecido. No quería volver a aquella ciudad, había explorado el mundo, quería seguir trabajando, no echarlo todo a perder. Estaba decidido a ser una estrella. Esa era la cuestión”. “En el colegio volví a ser anónimo, tenía que estudiar. Ya no había ninguna presión. Por el contrario, si hubiese empezado a rodar otra película…” De nuevo aparta la mirada, soñando con lo que pudo haber pasado. Muchos actores precoces han acabado destruyendo sus vidas. Su mejor aliada: su madre “Pero la mejor decisión –prosigue– fue buscarme un agente, Brian Swardstrom, y una mánager, Vanessa Pereira, que son estupendos. Llevan conmigo 17 años”. Semejante lealtad no es corriente en Hollywood, donde los representantes y los agentes son de usar y tirar pero es más frecuente entre los actores que han crecido en el ambiente del cine sin perder la cabeza. Jamie Bell menciona a Natalie Portman, cuya carrera ha evolucionado a un ritmo regular. “La fidelidad es esencial”, afirma. Su mejor aliada es su madre, Elaine. Cuando le va a visitar no se deja impresionar por Hollywood. “Ella siempre ha vivido en la misma ciudad, en la misma casa. Aunque es obvio que L.A. ofrece una mejor calidad de vida que una pequeña ciudad obrera del noreste de Inglaterra… por no mencionar el clima”. Hace tres años nació su hijo, justo antes de separarse de su mujer, Evan Rachel Wood. La prensa no los dejó en paz y, probablemente, esa fue una época muy dura para él. Luego conoció a Kate Mara, la estrella de las dos primeras temporadas de House of Cards, con la que compartió cartel en Los 4 fantásticos y, ahora, una mansión en Silver Lake, un barrio de Los Ángeles. Diez años antes ya habían coincidido en un casting en Nueva York: “Me acordaba muy bien de ella. Era estupenda. Un poco mayor que yo, y yo tenía que besarla. Me daba un poco de vergüenza al pensar en todos los demás hombres a los que habría besado en el casting. ¡Un tiempo después me dijo que besaba muy bien!” Sin embargo, admite que “ser un seductor no se me da nada bien. Nunca se cómo comportarme, si tengo que dar el primer paso o qué decir”. Este hincha del Arsenal ha tenido tiempo de aprenderse las reglas del fútbol americano porque la familia de Mara es la dueña de los Steelers de Pittsburgh y de los Giants de Nueva York. “¡Este deporte es la mejor película dramática improvisada que conozco!” Un bailarín compulsivo Este verano rodará Film Stars Don’t Die in Liverpool, en la que Annette Bening encarna a la legendaria actriz Gloria Grahame, devastada por el cáncer durante su última gira teatral en Inglaterra y enamorada de un hombre al que él interpreta. “Es una ventana fascinante a una época en la que, cuando una actriz icónica envejecía, se la olvidaba”. La conversación prosigue. Hablamos de si es posible que al público francés, al que tanto le gustan las películas policíacas, le agrade una película sobre Grahame, ganadora de un Oscar por su papel en la película de Vincent Minelli Cautivos del mal. También, sobre los fenómenos meteorológicos que, la víspera, iluminaron la noche californiana. A Bell le encanta todo lo que tiene que ver con el espacio; hasta ha construido un cohete espacial de cartón y papel de plata para su hijo: “¡Es igual que yo, de una naturaleza agitada y explosiva!” Aunque está sentado, no deja de taconear sin darse cuenta. Su novia lo llama Mumble, como el pingüino de Happy Feet, el bailarín compulsivo. Pero, en definitiva, ¿quién es Jamie Bell? “Siempre intento averiguar en qué soy bueno. ¿Como el joven Billy Elliot o como el tipo que atiza a Charlotte Gainsbourg en Nymphomaniac. Volumen 2? Se pone a taconear otra vez sobre el suelo embaldosado del café. Hay que irse. Se hace cargo de la cuenta: “Mi mánager me tiene dicho que invite siempre”.

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