¿Eres un desastre en el trabajo? Tranquilo, vas por el buen camino - L'Officiel España
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¿Eres un desastre en el trabajo? Tranquilo, vas por el buen camino

Desde que éramos pequeños, nuestras madres nos castigaban si nos dejábamos nuestro escritorio sin recoger.
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Desde que éramos pequeños, nuestras madres nos castigaban si nos dejábamos nuestro escritorio sin recoger. En el colegio, a la profesora no le parecía bien que nos fuéramos al recreo dejando todo el tenderete montado sobre nuestro pupitre y actualmente, en nuestra oficina, raro es el día que no recibimos miradas incriminatorias por el caos que acampa sobre nuestra mesa de trabajo y en la que, la mayor parte de las ocasiones, también comemos. Pero, ¿hasta qué punto el lío y desconcierto de nuestros puestos de trabajos puede ser bueno en nuestro día a día? Eres un caos, ¡reconócelo! Te propones ser ordenado y muy minucioso en la colocación de cada uno de los objetos que acampan por tu mesa pero al final del día, o incluso antes de que llegue el mediodía, el espacio que ocupas parece más un campo de refugiados que el lugar donde trabajar. ¡Cálmate, no es del todo malo! Y es que, según investigadores de la Universidad de Michigan (¿hay algo que no investigan sus expertos?), un cierto desorden a nuestro alrededor puede llegar a estimular nuestra creatividad. Un porcentaje que algunos pueden creer inaceptable pero que nos aseguran, a la larga, puede ser altamente beneficioso. El profesor Eric Abrahamsson, autor del libro Un perfecto desorden, explica que fomentar y llevar a la práctica demasiada organización sobre la mesa, no solo puede distraernos sino impedir que seamos más productivos.  ¿Quién dijo que una vida desordenada es una vida mucho menos vivida y de éxito? No pierdas mucho tiempo en reorganizar tu mesa y ponte a crear, a inventar, a escribir, a calcular… Las nuevas ideas también llegan desordenadas a nuestra cabeza. Además la armonía y el sosiego no siempre fueron disciplinas de un verdadero artista. Y si no que le pregunten al señor Zuckerberg (arriba). No se hable más, ¡al tajo!

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