Hommes

¿Es Belstaff una marca para pijos y clasicorros?

Los que sigan manteniendo esta afirmación como único planteamiento a tener en cuenta, deberían pensárselo dos veces.
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Los que sigan manteniendo esta afirmación como único planteamiento a tener en cuenta, deberían pensárselo dos veces. Quizá hubo un momento en el que la firma Belstaff perteneció en exclusiva a aquellos niños bien de alta cuna que pretendían marcar la diferencia. Desde hace tiempo, esa idea ha sido sacudida de los hombros de estas prendas aptas para todos los públicos y no limitadas a una tribu urbana para la que la modernidad supone ponerse unos mocasines sin calcetines. Si creías que la firma británica (fundada en 1924) iba a mantener la ya icónica chaqueta encerada de cuatro bolsillos sin adaptarla a los nuevos tiempos es que poco sabes de moda y menos del término actualizar. Y todo esto sin perder ni un ápice de su identidad. Belstaff sigue levando anclas y nos lleva de la mano hacia el otoño/invierno próximo en el que las siluetas ganan en sofisticación y los looks marcan el nuevo flow. Las prendas ya no exudan naftalina ni están listas solo para ir a misa de 12 sino que también se prestan a irse de after, a vestir nuestras mañanas de birras por el Rastro o simplemente para ser nuestro atuendo de guerra en el happening de la semana. Una colección que también se desarrolla con sus propuestas más allá de las chaquetas o abrigos de loneta. Nuevos diseños que marcan en los jerséis, pantalones, camisas y demás piezas, un decidido giro en tonos clásicos del otoño como el azul, los marrones y el granate, al más puro estilo rockabilly o estibador portuario. ¡Nos en-can-ta!

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