¿Fueron James Dean y Marlon Brando amantes sadomasoquistas? - L'Officiel España
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¿Fueron James Dean y Marlon Brando amantes sadomasoquistas?

En un tiempo en el que la información es poder, el chascarrillo/rumor es la actriz invitada y ya sabes lo mucho que suelen gustar los cameos de las guest stars en nuestra serie favorita.
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En un tiempo en el que la información es poder, el chascarrillo/rumor es la actriz invitada y ya sabes lo mucho que suelen gustar los cameos de las guest stars en nuestra serie favorita. El último en llegar a las redacciones de medio planeta y parte del otro es el que saca a la luz la relación que hubo entre los actores Marlon Brando y James Dean en sus años mozos de ferviente plenitud sexual. Una noticia que nos llega desde las páginas del libro Tomorrow never comes (Paperback) de Darwin Porter y Danforth Prince, en el que aseguran, según fuentes, que la pareja de guapos tuvieron mucho más que un simple affaire. Una historia que comenzaría en 1951 cuando Marlon Brando dio  una charla en el Actor’s Studio (donde estudiaba James Dean) y donde el joven actor en ciernes se presentaba ante el vigoroso Stanley Kowalski de Un tranvía llamado deseo, mostrándole su profunda (y vehemente) admiración. Desde ese momento y en una relación que mucho se parecía a la que un ratón y un gato pudieran tener, Brando comenzó a usar al perro faldero Dean a su gusto y necesidad. Tórridos encuentros en los que Brando era el que sometía y Dean el que se dejaba hacer y en los que el desenfreno del primero parecía chocar con el intenso enamoramiento del segundo. Fue quizá de esta época cuando Dean comenzó a ser conocido en los mentideros hollywoodienses como “el cenicero humano”. Piensen mal y acertarán. Brando, al que no le importaba mucho el qué dirán y tampoco ocultó mucho su bisexualidad al final de sus días, también disfrutaba con el rebelde sin causa haciéndole sufrir, obligándole a presenciar sus numerosos encuentros sexuales desde el umbral de la puerta, algo que parecía no importar al rubio que seguía echándose a los caballos por su actor favorito, siete años mayor que él. Historias que, creyeron, quedaron en la intimidad de su alcoba pero que hoy llegan a nuestros oídos como claro ejemplo de que las orientaciones sexuales siempre existieron y que lo que hoy llama tanto la atención, ya lo probaron nuestros mayores con la más profunda e intensa de las naturalidades.    

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