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Todos deberíamos ser un poco más Jennifer Lawrence

Y cuanto más la critican y menos caso hace, más nos gustaría serlo.
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Y cuanto más la critican y menos caso hace, más nos gustaría serlo.

En la vida, todos deberíamos ser alguna vez Jennifer Lawrence. Me refiero a convertirnos en objeto del escrutinio público, a tener al mundo pendiente de cada uno de nuestros pasos y a gran parte de la comunidad Twitter creando hashtags para burlarse de nuestros errores y nuestras caídas, como la que sufrió Lawrence en la presentación de The Hunger Games: Mockingjay part 2, por mencionar la última. Y es que últimamente tengo la sensación de que sólo en un momento tan complicado, sólo cuando nos llevan tan al límite, somos capaces de ver que lo que digan los demás no importa ni la mitad de lo que importa lo que hacemos. En el caso de Jennifer, está su trabajo. Su trabajo es capaz de decir por ella cosas mucho más altas y más claras que el huracán de voces que no deja de atacarla.

Lawrence sólo tiene 25 años y ya sabe lo que es vivir cosas buenas, como ganar un Oscar; y malas, como que tus fotos desnuda circulen por Internet. La actriz ha vivido en muy poco tiempo más de lo que muchas personas llegan a vivir en toda su existencia, y ahí la tienes. Tan contenta.

Tan contenta cuando, en la presentación de la última entrega de The Hunger Games, una caída hizo que los titulares del día versaran sobre la misma y no sobre un estreno tan esperado como aquel. O cuando antes de recoger su Oscar, un tropiezo hizo que la ligera caída que sufrió de camino al escenario provocase más ruido que el hecho de que se llevase una estatuilla con 22 años. ¿Qué más da? Tiene un Oscar en casa. Tan contenta, también, el resto de veces que ha tropezado, ha sido pillada poniendo muecas en una alfombra roja o subiéndose a un coche con un vestido capaz de revelar demasiado. ¿Qué más da? Si ella no vive de nada de eso. Se mantiene, con holgura, gracias a sus dotes como actriz.

Tan contenta cuando el mundo entero especulaba sobre sus relaciones amorosas y los paparazzi trataban de probar aquella con Chris Martin, líder de Coldplay y exmarido de Gwyneth Paltrow. Impasible ante la avalancha de rumores sobre el motivo de su ruptura. ¿Lo han dejado realmente? ¿Han estado juntos alguna vez? Jennifer Lawrence considera que su vida privada no te incumbe por mucho que hayas podido ver esas fotos filtradas en la red. Y es que ella no te ha dado permiso para verlas. Que alguien haya decidido hacerlas públicas sin su permiso no significa que tengas barra libre para todo lo demás. Que hayas visto las fotos, por cierto, le ha importado más bien poco. Ni siquiera se ha inmutado. Porque está acostumbrada a que todo lo que sucede fuera de su círculo privado sólo sea ruido. Ha continuado con su trabajo. Ha finalizado una de las sagas más taquilleras de la cartelera cinematográfica y sigue tan natural (y encantadora) como el primer día.

Lawrence, haciendo una de sus bromas junto a su compañero de reparto, Josh Hutcherson

Y para evadirse más de todo este mundo de rumores satélite y demostrar que fuera de su trabajo sólo le importa su círculo de amigos y familia (como a todos vaya), confirmo que, efectivamente, no tenía ni pensaba tener Twitter. ¿Lo querrías tener tú, cuando ha sido una herramienta con la que la gente te ha atacado hasta la extenuación? Recordemos que las bromas sobre el vestido de Dior que llevó a los Globos de Oro no sólo se convirtieron en trending topic durante dos días, sino que llegaron a nuestros periódicos de tirada nacional. Para Jennifer Lawrence, Twitter es ese zumbido constante que trata de distraerte. Ella ha sabido mantener la cabeza fría y estar centrada en su objetivo: ser actriz. Ser una buena actriz. Todos deberíamos ser Jennifer Lawrence una vez. Todos deberíamos saber lo que se siente al tener claro lo que queremos hacer en la vida, y lo que se siente cuando factores externos tratan de arrebatártelo. Porque aunque resulte paradójico, es entonces cuando lo ves más claro.

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