Carolina de Mónaco en 60 años (y 20 <em>looks</em>) - L'Officiel España
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Carolina de Mónaco en 60 años (y 20 <em>looks</em>)

Digamos que heredó el significado del nombre de su madre.
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Digamos que heredó el significado del nombre de su madre. Que Caroline Louise Marguerite Grimaldi siempre ha vivido y ha vestido con mucha gracia. Celebramos su 60 cumpleaños con un repaso a sus mejores looks.

No es lo mismo ser princesa que ser Carolina de Mónaco. Porque Carolina es hija de una estrella de Hollywood que se apartó de las cámaras para casarse con el príncipe del segundo estado más pequeño (pero con más glamour por metro cuadrado) del mundo. Porque fue la novia de Europa además de uno de los primeros miembros de la realeza en mostrar cierta rebeldía contra el protocolo que la encorsetaba, y pocas cosas hay más de cuento que una princesa rebelde. Tal vez su belleza, clásica y evidente como la de las protagonistas de las películas de Disney. Pero no está de más recordar que por buena pinta que tengan, las cosas no suelen ser tan bonitas como su superficie, y por ello su vestuario ha ido variando en las distintas etapas de su vida.

De niña la vida era fácil y su armario tan clásico como puede ser: conjuntos de dos piezas, vestidos de nido de abeja y capotas y sombreros, todos propios de una revista de moda infantil. Fue en su adolescencia, durante los años 70, donde las cosas se pusieron interesantes. La princesa canalizaba su rebeldía a golpe de pitillo (todavía perenne en sus manos) y bikini minúsculo (es difícil de entender por qué no nos referimos al dos piezas blanco como el carolina).

A los 18 años se mudó a París a estudiar Filosofía y conoció a Philippe Junot, La prensa rosa de todo el mundo les daba sus portadas: Carolina abrazada a Junot con un top y un short amarillos, Carolina riéndose de un chiste de Junot durante una cena con un look de cuadros, Carolina bailando con Junot con un vestido plateado, Carolina y Junot fundidos a rosa durante unas vacaciones, Carolina con un look de Ellesse esquiando con Junot y, cómo no, Carolina con el vestido de novia firmado por Dior con el que le dio el “sí, quiero” al francés en contra de la voluntad de Rainiero y Grace. Se casaron en el 78 y se divorciaron dos años más tarde, porque (ya se sabe) los padres casi siempre tienen la razón. Tras la ruptura jugó al tenis y al olvido con el argentino Guillermo Vilas y dominó el arte del look deportivo.

Aunque un divorcio es duro (sobre todo cuando se produce a causa de una infidelidad), el primer gran golpe de su vida se lo llevaría al perder a su madre en 1982. Con 25 años le tocó asumir las obligaciones de Primera Dama, que desarrolló sin tacha hasta que Alberto contrajo matrimonio con Charlene Wittstock en 2011. Comenzó a aparecer más sobria en actos públicos, y sólo volvió a divertirse con su armario cuando conoció a Stéfano Casiraghi.

Con el empresario tuvo tres hijos y vivió los días más felices de su vida, aunque esa felicidad se vio truncada cuando Casiraghi falleció en un accidente marítimo. Solo habían pasado siete años juntos. Tardó dieciséis años más en rehacer su vida sentimental con Ernesto de Hannover. En 1999 se casó por tercera vez, pasó a ostentar el título de Princesa de Hannover y tuvo a su cuarta hija, y aunque sobre el papel las cosas no podían ir mejor, la realidad difería de las apariencias. Lidiar con el comportamiento y las adicciones de Ernesto no fue fácil, y en 2009 se separaban legalmente. Desde entonces vive volcada en su familia, sus hijos le han dado nietos y no parece que esté interesada en convivir con un hombre por cuarta vez. Hoy sopla las velas por su 60 cumpleaños y sigue confiando en la mano de Karl Lagerfeld, aunque de vez en cuando nos sorprende con guiños a Céline como en la boda de Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo.

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