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Cuando la cosmética es un examen de ciencias

Catadores de sudor, reproductores de la marca del sofá en la cara durante la siesta, tecnologías Pixar para la coloración capilar o pieles que cantan...
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Catadores de sudor, reproductores de la marca del sofá en la cara durante la siesta, tecnologías Pixar para la coloración capilar o pieles que cantan... La tecnología de la belleza revela en sus curiosos test por qué la cosmética aprueba con nota el examen de ciencias.

Los centros de investigación cosmética son el verdadero backstage de la belleza. Tras sus puertas se esconden las futuras fórmulas magistrales o la próxima molécula que promete la eterna juventud. El secretismo en torno a ellos es total y los carteles que rezan “Acceso restringido, solo personal autorizado” flanquean cualquier pasadizo. Condición sine qua non enfundarse en una bata blanca, guantes de látex, cubre-calzado anticontaminación y gorro desechable para poder infiltrarnos en los laboratorios que se hallan a la vanguardia de la investigación. Comenzamos el tour. La primera parada sería como una suerte de bufé libre para el doctor Hannibal Lecter. Los científicos de L’Oréal han unido sus fuerzas a las de la empresa Organovo, especializada en bioimpresión que aporta al proyecto una revolucionaria impresora 3D para desarrollar en el laboratorio piel humana en serie, con la misma estructura e idénticas funciones que la piel real. Pero lograrlo no ha sido tarea sencilla para un equipo multidisciplinar formado por una veintena de profesionales entre los que se incluyen biólogos moleculares, físicos, ingenieros y expertos en data science. Culmina así la marca francesa un ambicioso sueño que comenzó hace más de tres décadas con los primeros estudios de los distintos modelos de piel reconstruida.

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En cambio, los expertos de Lancôme han comprobado la eficacia de la gama Absolue de oído. Pero esto no quiere decir que lo hayan hecho a voleo, sino a través de una prueba inédita que llaman internamente el canto de la piel: un protocolo multisensorial que proporciona una serie de datos que, además de verse, se escuchan. Para ello han utilizado el método Acouskin que permite medir y comparar las ondas de la piel antes y después de usar el producto. Mediante el Captor, herramienta encargada de tomar las muestras, se recolectan las vibraciones cutáneas. Al principio del experimento las ondas son amplias e irregulares. Pero tras aplicar el cosmético, estas se vuelven más pequeñas y homogéneas, demostrando que tanto la calidad como la tasa de regeneración de la piel han mejorado. Así, convierten un sonoro grito en un tenue murmullo. A partir de ahora no bastará con que el cutis reluzca, sino que además tendrá que dar la nota como en una orquesta sinfónica.

Pero no todas las pruebas que realizan las marcas parecen sacadas de una novela de ciencia ficción. Hay otras más de andar por casa, pero igualmente efectivas. ¿Cómo saben los expertos de Rexona que su desodorante no te abandona? Pues gracias a la llamada Hot Room, una especie de habitación del pánico en la que se recrean condiciones tropicales extremas para cuantificar las variaciones de la transpiración corporal. Los voluntarios se aplican el desodorante a examen en una axila y, en la otra, uno de control. Después permanecen dentro durante una hora con un 40% de humedad relativa y una temperatura de 40ºC. En los últimos 20 minutos de la prueba, el sudor se recoge en unos papeles absorbentes que luego se pesan, mostrando la diferencia entre el producto probado y el que sirve de referencia. Esta comparación da como resultado la Sweat Weight Reduction, un dato crucial para evitar las manchas de humedad en la ropa y los temidos camachitos de los que hizo gala el seleccionador nacional en la Copa Mundial de Fútbol Corea - Japón de 2002. Concluido el tiempo en la Hot Room, es el turno de los catadores de sudor, una profesión que demuestra que no todo es glamour y buen olor en el sofisticado mundo de la belleza. Estos especialistas, con un sentido del olfato extraordinario, son los encargados de oler las axilas de los voluntarios y valorar la eficacia del desodorante. Manda narices.

Otro curioso test es el que utilizaron los laboratorios de Biotherm para desarrollar su Blue Therapy Serum-in-oil. Se llamó Pillow Mark, y aunque en inglés suena muy cool, no deja de ser la tradicional y traicionera marca de la almohada. Ahora resulta que esas señales que quedan en el rostro tras un profundo sueño, sobre todo postsiesta en el sofá, son más útiles de lo que podría parecer a simple vista. Para ello, los científicos reprodujeron estas marcas con la ayuda de un dispositivo llamado Dermotrace y observaron su evolución. Su profundidad, longitud y el tiempo que tardaban en desaparecer ofrecieron datos muy ables rela- cionados con los niveles de elasticidad y recuperación cutáneas.

Un curioso invento es el que desarrollaron los científicos de Wella Professionals al recurrir a las tecnologías digitales utilizadas por Pixar para crear su línea de coloración capilar Illumina Color. Para remasterizar digitalmente los cabellos se valieron del complejo software usado por el estudio de animación, un sistema que les ayudó a entender qué es lo que hace luminoso al color. Con estas herramientas los expertos crearon la MicroLight Technology, unas innovadoras moléculas que aportan esa luminosidad extra a los cabellos teñidos. Lo virtual salta de la gran pan- talla y se vuelve auténtico, mientras que la realidad, si no la supera, por lo menos iguala a la ficción...

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