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Belleza

Con tinta rosa

La reina de las flores no deja de sorprender en sus múltiples facetas
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La reina de las flores no deja de sorprender en sus múltiples facetas Sin duda, la historia de la perfumería se escribe en tinta rosa. El símbolo universal de la feminidad, a diferencia de otras materias primas que vienen y van, siempre está de moda. Su versatilidad le ha permitido conservar el trono ante los envites de las efímeras tendencias y, sin perder si quiera uno de sus pétalos. Ha conseguido conquistar las distintas épocas históricas, cualquier hora del día o de la noche e, incluso, seducir a personas de todas las clases sociales. La rosa es una suerte de metalenguaje etéreo capaz de transmitir una cantidad casi infinita de mensajes. En ocasiones, se esconde detrás de otros acordes para aparecer justo en el momento preciso, mientras que, otras veces, se convierte en la protagonista absoluta de la composición sin pedir permiso al resto de ingredientes. Vive la rosa instalada en el ápice de la pirámide olfativa y eso tiene sus beneficios. Tierna o apasionada, sutil o cremosa, audaz o tímida, a la rosa le sucede lo mismo que a los grandes actores: para ella no hay papeles pequeños.   En la gran mayoría de las civilizaciones antiguas, la rosa ejerció su magisterio como símbolo del amor y de la belleza. Cuenta la leyenda que Cleopatra hacía rellenar las almohadas con sus pétalos porque su fragante aroma le ayudaba a conciliar el sueño y en el Imperio Romano era la ofrenda predilecta de Venus, la diosa de la fertilidad. Los rosales han dado color desde tiempos inmemoriales a los jardines de reyes y emperadores y su poder casi místico ha ido en aumento desde entonces. Nadie puede resistirse a su embrujo arcano, a la delicadeza de su arquitectura ni, por supuesto, a su olor de infinitos matices. “Crear un fragancia con la rosa como protagonista es todo un desafío. A primera vista puede parecer una empresa sencilla porque es uno de los ingredientes más habituales en el mundo desde el nacimiento de la perfumería. Pero el verdadero reto es precisamente ese, ser capaz de darle una vuelta y mostrar una faceta nueva, inesperada y sorprendente”, con esa Francis Kurkdjian, nariz y creador de Rose Couture de Elie Saab, la última fragancia que rinde pleitesía a la prolífica flor. El perfumista parisino se declara un fan incondicional de la rosa. “Es eterna y atemporal y el paso de los años lo único que consigue es hacerla todavía mejor y más interesante. En el próximo milenio seguirá siendo un referente y una inagotable fuente de inspiración porque es tan extraordinaria que es imposible abarcarla por completo. Es de las pocas ores, si no la única, que puede crecer prácticamente en cualquier lugar del planeta y tiene una capacidad increíble para sobrevivir en todo tipo de condiciones climatológicas, luz, suelos, nutrientes, temperatura... Aunque tiene un aspecto frágil, en realidad no lo es”, añade. Esta adaptabilidad ha provocado que se hayan desarrollado miles de variedades distintas, tanto naturales como híbridas, y cada cual con unas particularidades únicas. De hecho, hasta el siglo XIX, las rosas solo florecían una vez al año, pero los avances tecnológicos surgidos tras la Revolución Industrial favorecieron un incremento en la periodicidad de las cosechas y, por ende, la posibilidad de trabajar con ellas durante cualquier estación.   Para crear el néctar que forma el verdadero corazón de la fragancia, “he utilizado tres tipos de rosas naturales: rojas, blancas y rosas. Y a partir de ellas, hemos creado en el laboratorio moléculas aromáticas con las que he podido experimentar y combinarlas hasta dar con la composición exacta que tenía en mi cabeza. Así, para ganar más intensidad, aumentaba la cantidad de partículas rojas. En cambio, si lo que buscaba era suavizar el con- junto, añadía un mayor número de blancas”, afirma el nariz, demostrando que su profesión es una mezcla entre la alquimia, los procesos artesanos y técnicas de vanguardia.   “Los perfumes son un reflejo invisible de la sociedad en que vivimos, por eso quise darle un toque gourmand. El nuestro es un mundo híper azucarado y esa nota dulce nos retrotrae directamente a la infancia, ese momento vital en el que nos sentimos seguros y protegidos y nuestra única obligación es disfrutar sin preocuparnos por nada. Es una sensación muy agradable que quería incorporar en esta esencia”, comenta Francis. El resultado es una estela se posa sobre la piel con la misma luminosa elegancia que un vestido del maestro libanés, mientras se dedica a escribir un nuevo capítulo en la inmortal historia de amor entra la rosa y la perfumería. Y estamos seguros de que no será el último.   Artículo publicado originalmente en el número 7 de L’Officiel España.

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