José Manuel Ballester, el artista del vacío - L'Officiel España
News

José Manuel Ballester, el artista del vacío

Un hombre de dicotomías, un artista que centra su creación en el vacío, en la huella intuida en el espacio en que no transcurre el tiempo.
Reading time 6 minutes
Un hombre de dicotomías, un artista que centra su creación en el vacío, en la huella intuida en el espacio en que no transcurre el tiempo. José Manuel Ballester entiende la nada o tal vez sólo la explora, la recorre, la crea como espejo opuesto de una realidad repleta. Un pasillo oscuro en el que se acumulan objetos (que incluyen un dinosaurio de cartón y materiales de trabajo) lleva a otro repleto de plantas, un oasis ajeno a la calle que está a sólo unos metros. Tras esa explosión de naturaleza está el estudio; un espacio que parece existir en otro universo, una especie de museo, santuario, archivo...donde José Manuel Ballester trabaja. No hay un rincón sin ocupar. Vegetación, esculturas, souvenirs, pinturas de gran formato, libros, carpetas, CD’s, sillas, pinceles. Ballester es consciente de la paradoja que significa que su entorno inmediato sea una colección de objetos que se aglomeran y que su arte represente justamente lo opuesto: espacios llenos de nada. “Las obras las vacío para llenar mi propia realidad. Y lleno mi vida para vaciar mi obra. Necesito o tengo afán por estos escenarios, no puedo vivir si no estoy rodeado de cosas. Es resistencia a la muerte, apego a mis experiencias, a renunciar a que las cosas suceden y luego desaparecen. Una manera física y testimonial de guardar los eventos de mi vida. Es una mochila cargada que llevo a la espalda; seguramente me libero en mi creación”. Ballester es miembro de una generación de artistas que se formaron bajo el influjo de la transición tras la muerte de Franco. Estudió Bellas Artes entre nuevos profesores con poca experiencia y antiguos catedráticos aferrados a sus viejos valores. Entre una educación que “representaba los vestigios de un naufragio” y las tendencias a la experimentación que poblaban la calle. Se educó entre aulas retrógradas y galerías dispuestas a innovar, el Museo del Prado fue su Alma Mater definitiva. “No puedo vivir si no estoy rodeado de cosas. Es resistencia a la muerte, apego a mis experiencias, a renunciar a que las cosas suceden y luego desaparecen” El artista ha vivido siempre entre dos aguas contradictorias (o complementarias, depende de cómo se mire). Su discurso se hila entre conceptos que se oponen y se necesitan. Vida-muerte, razón-emoción, historia-novedad, individuo-colectivo, paraíso-infierno... Incluso su visión artística se modi có hacia su antóni- mo. Ballester aclara que su evolución lo llevó de ser neorromántico - “Los artistas que no reconocen el mundo en que viven y crean uno propio”- a ser realista urbano - “el arte que observa su entorno e intenta entenderlo”. “Aunque cambies la dirección de la mirada sigues siendo el mismo. Una cosa es lo que miras y otra quién mira. Creo que hay una conexión entre los dos periodos. Se mantienen la necesidad de buscar temas trascendentes: el paso del tiempo, el vacío y su significado, la incapacidad de des- cubrir la verdad. Lo que cambia es el escenario, cambia la piel”, dice. Su nueva etapa comenzó con un trabajo sobre Atocha, pero actualmente incluye clásicos como Espacios ocultos, en que el artista retira de pinturas míticas a los personajes (la Última Cena sin Jesús y los apóstoles, el Jardín de las Delicias deshabitado, el Nacimiento de Venus sin su protagonista) y la obra que presenta este septiembre en Madrid, en que retrata museos desprovistos de obras de arte como una forma de preguntarse sobre la vigencia de estos espacios, el museo virtual y el papel del arte en un mundo en que lo tecnológico ha comenzado a cambiar el paisaje y la cultura. “El arte tiene que pasar por la experiencia de crear un mundo virtual. Cuando hay una revolución lo primero que se plantea es el paraíso, el mundo en que te gustaría vivir. Con relación a la realidad virtual el siguiente paso es elegir cuándo entras en ese mundo ¿pero hasta qué medida eso será tu paraíso y no un infierno? En mi mundo es así, hay contraste: el blanco existe gracias al negro. Hay que preguntarse en qué medida los artistas vamos a ser útiles y vamos a aportar a esta nueva sociedad. Los artistas viajan antes, con la imaginación. A la Luna no llegaron los americanos, llegó Julio Verne”.   Al hablar de nuevo de sus dos vertientes creativas (o simplemente del ser humano), Ballester recuerda las dos naturalezas que conviven en el hombre. “Tenemos un lado racional y de lógica y uno irracional y difícil de expresar, pero que forma parte de nosotros. Es difícil buscar la síntesis y la armonía. ¿Por qué renunciar a uno? ¿Por qué condenar una vía si es parte de la naturaleza? ¿Por qué no intentar que esos dos jardines crezcan? Es el motor que me mueve. Tengo un proyecto que querría hacer algún día. Una exposición que muestre el árbol de la vida y el de la ciencia. Podemos decidir vivir más en un jardín o en el otro, pero ambos son parte de nosotros”. “Cuando hay una narración entra en escena el tiempo, los espacios vacíos lo paralizan. Quizás es mi intento vano de romper con el tiempo” Su búsqueda de balance se expresa, para el espectador, en obras a la vez directas y emocionales, frías pero melancólicas. Ballester no sólo mira el vacío. Sonríe cuando se le pregunta por el origen de su fascinación con la nada. “No hay personas, pero están las huellas de la gente. Como cuando ves el rastro del conejo en la nieve, sabes que está allí, aunque no lo veas. Creo que lo que produce sensaciones en mi obra es la ausencia de referentes. No puedes proyectar nada ahí. Siempre hablo de la interpretación abierta, cuanto más vacío das más opciones de involucración. Se pone a prueba al espectador. A una obra de arte le pides, buscas respuestas y resulta que en este caso la respuesta es tu pregunta. También se puede reprochar al artista de qué modo se involucra, cuál es el discurso. Es un mensaje abierto, rechazable o estimulante. O un escenario que te habla de tu propia condición. Cuando hay narración entra en escena el tiempo, los espacios vacíos lo paralizan. Quizás es un intento vano de romper con él, de decirle aquí no puedes. En una ilusión quizás inútil, pero que responde a una necesidad”. Se levanta del sillón y busca, entre cientos de libros, un poema que le ha inspirado desde siempre, uno que percibe le da sentido. Es del Tao Te Ching. El verso que cierra se lee: “El ser es lo práctico/ la nada es lo útil”. Y así Ballester se despide. Se que- da en su estudio repleto, retando al paso del tiempo y soñando vacíos.
/

Entradas relacionadas

Entradas recomendadas