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Así es la creadora de la primera librería de viajes en París

La vida de esta señora es de envidia.
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La vida de esta señora es de envidia. Se despierta tarde, pasó una década viajando por el mundo y se decidió a abrir la primera librería de viajes del mundo en París. La librera Catherine Domain es de esos aventureros que ya no existen. Viajera y propietaria de la primera librería de viajes del mundo, la parisina Catherine Domain tiene historias para toda una eternidad: las de más de 150 países visitados, las que ha leído en los cientos de libros y novelas de sus estanterías y las que le cuentan cada uno de los clientes que llegan hasta Ulysse pidiendo consejo. Muchas veces de viajes. Y otras, de vida. Entre todas las vidas que uno se pudiera atrever a imaginar, una, sin duda, sería la de dedicar una década entera a dejar que fuera una brújula caprichosa la que decidiera el rumbo de cada día: viajar como mercancía en un convoy, pasar todo un verano en un kibboutz, saltar de país en país, coleccionar sellos en el pasaporte y aprender a chapurrear palabras en idiomas que ni sabías que existían. Puestos a soñar, otra opción sería regentar una pequeña librería; una de esas de culto en un local de abolengo y estanterías hasta el techo donde cada semana llegaran los mismos lectores –jóvenes, viejos; de aquí, de allá– ávidos de novedades, a preguntarte, a ti, autoridad literaria, por tu último descubrimiento. Y tú, entre uno y otro, con una taza de café (o una copa de vino, según horario) sentado en un sillón orejero pudieras rendirte sin culpa a la investigación de devorar un libro tras otro en pro de la calidad de la “atención al cliente”. Mejor, además, si esa librería está en una callecita de París, y concretamente en la isla de San Luis... (y, rizando el rizo, todos los veranos se traslada a la playa). Catherine Domain no tuvo que imaginar ninguna de las dos cosas. Ni siquiera se le presentó la tesitura de elegir entre una de ambas opciones, porque una vez realizada la primera vida, la de trotamundos, tras diez años “en ruta por el globo”, decidió establecerse en París y abrir allí una librería. Pero no cualquier librería, sino Ulysse, la primera librería de viajes del mundo, que lleva ya 44 años abierta y, efectivamente, se ha convertido, ya hace mucho, en una librería de culto que vende guías, novelas y mapas – viejos y nuevos– y algunos tesoros que van y vienen. Una vuelta al mundo de Egipto a Yemen con paradas en Sri Lanka, Indonesia, Nueva Guinea y más de “una veintena de islas” del Pacífico; 365 días desde México a Tierra de Fuego y otros tantos en minibús de Francia a Nepal, o un recorrido desde Ciudad del Cabo a el Cairo... son solo algunas de las aventuras que Catherine vivió. Después de eso, ¿quién se rinde a la rutina, quién se planta un traje, quién ficha cada mañana a las ocho y aguanta los ojos de un jefe tirano en el cogote? Lo mismo, lo mismito se preguntó ella cuando regresó a Francia; una decisión, la de volver, que le costó mucho tomar, pero que sabía –lo supo siempre– que llegaría en algún momento. Ahora sí le tocaba usar todo el instinto e idear una nueva manera de vivir, y que ésta cumpliera tres requisitos: no tener jefes ni empleados, disfrutar con ella y seguir viajando. “Me exprimía el cerebro para encontrar qué hacer cuando volviera a Francia, no podía estar eternamente dando vueltas por el mundo. En Sri Lanka se me encendió la bombilla y se me ocurrió la idea de la librería de viajes, que no existía en ningún lugar del mundo”. La iluminación, como suele suceder, no fue fortuita, sino el fruto de toda una evolución, de todas las experiencias vitales que han ido fraguando su personalidad. Y de esas, Dominique tenía unas cuantas. Y fue, precisamente en las de su infancia, y concretamente en las profesiones de sus dos abuelos, un marino mercante y un librero de Bergerac Dordogne, donde encontró “la simbiosis perfecta” de lo que ella quería hacer. “De mi abuelo marino no tengo memorias físicas, pero nuestra casa de veraneo de Hendaya estaba llena de recuerdos de viajes: porcelana china, conchas del Pacífico, armas de tribus indígenas... que siempre me habían hecho soñar. Mi abuelo materno me dejaba leer toda la tienda y llevarme todo lo que me interesara durante el verano a Hendaya”. Con la decisión tomada y el rumbo decidido –primer paso–, luego vino buscar local, dar con el nombre perfecto y empezar a rodar el negocio... algo que llegó más o menos seguido y de una manera casi mágica. Mientras Catherine se encontraba en la búsqueda de la librería perfecta se topó de casualidad con una (en el 35 de la rue Saint-Louis en L’île) que le mandó dos señales: se llamaba Ulysse (como el libro de Joyce) y estaba en venta. Había encontrado “el” lugar. Desde entonces han pasado 44 años, un cambio de domicilio (ahora están en el número 26 de la misma calle) y un montón de coyunturas que ha tenido que ir capeando con la misma determinación con la que empezó en un mundo en el que “ha cambiado casi todo”. “He pasado la crisis económica, la crisis del libro, he sobrevivido a la llegada de internet, la tele, los jóvenes que leen cada vez menos... mis dos competidores más cercanos han desaparecido... y yo me agarro como una concha a la roca, para ser la última en irme”. Sin embargo, a pesar de las dificultades, Catherine se permite ciertas concesiones, como un horario a su medida, de 14 a 20 h y de martes a viernes, y también con cita “en caso de extrema urgencia fuera de esos horarios”. Para mucha gente poner el despertador indica el inicio del día, para ella “no ponerlo es el inicio de la libertad”. Una libertad que siempre ha sido su guía, y la que ha hecho, por ejemplo, que se acabe antes contando los lugares en los que no ha estado (“los países entre Guinea Bissau y Camerún, escandinavia, república Checa y Eslovaquia”) que en los que sí. “No puedo elegir: leo viajando y viajo leyendo”, asegura. Y es que Catherine es 50 % viajera y 50 % librera, pero además miembro de todos los clubes y sociedades viajeros y aventureros de los que se puede ser, entre ellos el Club International des Grand Voyageurs (al que se accede tras haber visitado al menos 150 países) o la Société des Explorateurs, donde conoció a su amigo Miguel de la Cuadra Salcedo. Su carácter expansivo y su personalidad inquieta hicieron que hace 22 años fundara el suyo propio, el Club Cargo, que fomenta los encuentros espontáneos de viajeros en los que intercambian consejos y experiencias. La cita es en Ulysse cada primer miércoles de mes a las 18:30 y está abierto a todo aquel que se quiera unir. Con el único requisito de traer algo de beber y de comer. A la pregunta –obligada– de cómo alguien que ha puesto un pie en todos los continentes puede conformarse con tan poquitos metros cuadrados en su día a día, se defiende como gato panza arriba “desde 1971 a 1990 pasé un mes o dos al año en aquellos países donde todavía no había casi turismo, como Somalia, Cabo Verde, Emiratos, Oman o Birmania, y desde 1990 a 2004, navegué en el velero de un amigo por el Mediterráneo y el Pacífico”. Desde 2005, además, no pasa ningún verano en París, ya que del 20 de junio al 20 de septiembre abre, cuando el clima lo permite, su librería de verano en Hendaya, el pueblo donde su familia lleva veraneando más de un siglo y donde también ha fundado el Premio Pierre Loti de literatura. El resto del año, cuando está en la isla de Sant Louis sigue viajando. “Mi librería es una manera de viajar es-tando en París porque cada libro que está en mis estanterías son mis aventuras, y cada cliente que entra trae el viento del viaje...” Esta librería se suma, sin ninguna duda, a nuestra lista de librerías que te harán morir de amor por los libros. Artículo publicado originalmente en el número 1 de L'Officiel Voyage.

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