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Arturo Elena, el dibujo por bandera

Ilustrador por vocación, Arturo Elena nos cuenta su trayectoria en la moda desde sus inicios como diseñador.
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Ilustrador por vocación, Arturo Elena nos cuenta su trayectoria en la moda desde sus inicios como diseñador.

Entre los recuerdos de adolescencia de Arturo Elena, las imágenes de los catálogos de tejidos que su madre so- lía recibir por correo – un hábito tan antiguo como olvidado – ocupan un capítulo fundamental. El dibujo le pertenece de una forma tan íntima que no es capaz de recordar exactamente cuándo entró en su vida. “Siempre me gustó, desde muy niño. Empecé con los personajes de cómic y, a medida que pasaba el tiempo, surgió el interés hacia la moda”. Sin embargo, como en toda buena historia, con esa que convertirse en ilustrador no fue algo premeditado, sino que le empujaron a ello “las circunstancias”. Como la que se le presentó en 1992 cuando la firma Victorio & Lucchino le encargó las ilustraciones del perfume Carmen. “Este trabajo, al llegar a la prensa especializada, me abrió las puertas para darme a conocer en distintas revistas como Cosmopolitan, Elle o Telva”.

Pero vamos por partes. Finalizados sus estudios, Arturo cambió su Aragón natal por las Ramblas de la Ciudad Condal. Allí encontró su vocación. “Tras cinco años colaborando con diferentes equipos en Barcelona y Sevilla, tuve claro que más que diseñar yo mismo, lo que más me gustaba de todo el proceso era ilustrar los diseños de otros”.

Desde sus primeras imágenes, donde domina el trazo fuerte de la affiche francesa – el artista René Gruau fue una referencia de esta etapa temprana – alcanzó un estilo muy reconocible con siluetas de mujeres de figura alargada, técnica mixta con rotuladores y acabados realistas en las prendas. “Una de las licencias de la ilustración es poder plasmar la irrealidad, aunque siempre parto de imágenes reales. Me apoyo en ellas como referencia de luces, sombras, perspectivas y movimiento”, contesta sobre cómo plantea un nuevo proyecto.

Tras haber ilustrado campañas para algunas de las firmas internacionales más relevantes, en 2012 unió su nombre a la casa relojera Audemars Piguet en la exhibición Doce Momentos de la Mujer AP. Un giro de 360 grados a sus trabajos con prendas y tejidos. ¿Qué aspectos tiene en común con la manufactura suiza? “Salvando las distancias, diría que AP y yo compartimos la pasión por un trabajo minucioso, riguroso y la búsqueda continua de la perfección. Cuando pude ver a los maestros en sus talleres de Le Brassus (Suiza), empecé a considerar cada pieza como una auténtica escultura. Este alto nivel de precisión y los materiales preciosos que utilizan me llevaron a imaginar mujeres elegantes, fuertes, sofisticadas y contemporáneas”.

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