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Torrijas: la historia del plato dulce típico de Semana Santa

En la calle ya huele a Semana Santa y en tu cocina, muy probablemente, ya huela a torrijas.
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En la calle ya huele a Semana Santa y en tu cocina, muy probablemente, ya huela a torrijas. Compradas o homemade, el caso es que este tradicional dulce de Pascua se abre paso directo a nuestro paladar para hacer, más exquisitos, aún si cabe, los días de fiesta. ¿A quién se le ocurrió hacer dieta en esta época? Las torrijas son, con mucha seguridad, uno de los platos más típicos de Semana Santa. Son un postre, lo sabemos, pero sabiendo lo buenas que están, bien nos gustaría que fuesen el pan nuestro de cada día. Y ya, por seguir pidiendo, que sus calorías fueran aire. Eso no pasa, está claro. Si las vas a comer, tienes que ser consciente de que ese pedacito de más se notará en el vaquero al volver, pero no hay nada que un buen jersey “oversize” no tape, ¿no? Para eso se inventó el frío primaveral, vamos a darle un chute de energía y calor con ese suculento manjar. Y como todo postre tradicional, las torrijas cuentan con una intrincada historia que respalda su forma, su sabor, su olor y hasta su existencia. Llegaron directas a hacernos felices, sí, pero también fueron un invento para paliar el hambre en épocas malas, razón de más para entender que fuese el principal alimento en Cuaresma, compensando así el período de abstinencia. Su origen se vincula, precisamente, a la época de los romanos (de ellos heredamos el gusto por pegarnos un buen festín)   Durante siglos fue un alimento de pobres, una receta que ayudaba a recargar fuerzas partiendo de una base sencilla como el pan y la leche (más asequibles). De hecho, al ser tan saciaste y calórico, comenzó a usarse en Cuaresma para compensar los períodos de abstinencia.   Se dice también que este plato fue la alternativa para paliar el dolor de las madres al dar a luz. Y favorecer así su recuperación.   En el siglo XX perdieron toda vinculación religiosa y comenzaron a servirse en las tabernas españolas (acompañadas de un buen trago de vino).   Existen diferentes versiones de la torrija. En Francia, por ejemplo, tienen el “pain perdí” y en América las conocidas “French toast”.  

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