Hommes

¿Quién dijo que el estrés acabaría con nosotros?

Levantarse a golpe de despertador, correr por los andenes del metro y enfrentarse a toda la flora y fauna urbana, llegar a nuestro puesto de trabajo y comenzar a currar como si no hubiera un mañana (eso si no tenemos que romper el ritmo para ir a hacer a alguna visita), ir a dar de comer al perro en nuestro rato para la comida o un sinfín de cosas más.
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Levantarse a golpe de despertador, correr por los andenes del metro y enfrentarse a toda la flora y fauna urbana, llegar a nuestro puesto de trabajo y comenzar a currar como si no hubiera un mañana (eso si no tenemos que romper el ritmo para ir a hacer a alguna visita), ir a dar de comer al perro en nuestro rato para la comida o un sinfín de cosas más. Luego nuestra rutina deportiva, el acercarse al supermercado que abre hasta tarde para pillar esto o aquello que necesito para cenar, llegar a casa poner orden, discutir con el compañero o familiar esquizofrénico, encender la tele y quedarse sopa en el sofá antes, incluso, de habernos puesto el pijama y publicar la última foto en IG. Nuestro día es agotador y el estrés mucho más y mientras nuestra madre, que llama desde la otra punta, nos dice que esta vida frenética acabará con nosotros y que nos pondrá un pie en la tumba siendo aún jóvenes y en edad de merecer (y demasiado)..., pero ¿en realidad el estrés puede acabar con nosotros? Pues según un estudio de la Universidad de Pennsylvania, no. El análisis lo pusieron en práctica 900 elegidos que fueron preguntados cada día, y durante una semana, sobre sus rutinas estresantes diarias, de la misma manera que el sentimiento que esas situaciones les reportaba. Un estudio que también evaluó la variabilidad de la frecuencia cardíaca en los sujetos en reposo. El corazón no bombea de la misma manera constante como segundero en un reloj, ya que el tiempo entre latidos fluctúa en muchas ocasiones, incluso estando en reposo. El análisis informó a los científicos que el estrés diario no tenía ningún efecto sobre la frecuencia cardíaca, no así las relaciones emocionales dramáticas prolongadas como resultado de este estrés. De esta manera al perder los estribos frente a cualquier momento o periodo de estrés y estar refunfuñando toda la mañana o encarado hasta con el tipo que te vende la prensa, es lo que realmente pone a cien tu corazón, los niveles de cortisol y la presión arterial. ¿Qué hacer? En el caso de que no puedas reducir el estrés que tu rutina te exige, siempre podrás intentar no dejarte llevar de manera negativa hasta el ataque de nervios y comenzar a no estar tan de mal humor, tan agresivo, tan descortés, tomándote tus 5 minutos para exhalar y respirar lentamente, no solo para que el sosiego vuelva a tu frenética cabeza sino para proteger a un corazón al que no le va a costar, nada, volver a derrapar si mal uso le das.

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