¿Es la fiebre techie la causante de que vivamos en slow motion? - L'Officiel España
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¿Es la fiebre techie la causante de que vivamos en slow motion?

No podemos negar que la sociedad 2.0 en la que vivimos nos ha facilitado la vida.
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No podemos negar que la sociedad 2.0 en la que vivimos nos ha facilitado la vida. Rutinas que hace años pesaban sobre nosotros y que gracias a toda la aparatología que manejamos en la actualidad, nos ha abierto a un mundo totalmente increíble años atrás, en el que todo lo que necesitamos y queremos lo tenemos a solo un click. Reservas de avión, compras por doquier, planificación de viajes, comunicaciones con cualquier parte del mundo (por muy inhóspita que pueda parecer), trámites bancarios o atención médica personalizada son solo algunos de los puntos que con un ordenador, móvil o tablet entre las manos podemos plantear en tan solo unos minutos. Tecnología que usamos como auténtica arma letal pero que en ocasiones puede ralentizar nuestra percepción de la realidad si nos entregamos a ella sin medida y como sustitutivo de la básica socialización de toda la vida. Peligro que por un lado puede afectar a nuestro cerebro al someterle a una sobreinformación que no puede procesar con la rapidez que esperamos tenga nuestro portátil o móvil última generación y que al demandar que se emplee de lleno en diversas tareas a la vez, puede llegar a provocar “cortocircuitos”, una capacidad cognitiva y de atención cada vez más mermada y un estado de slow motion provocado. Además el aumento del grado de dependencia puede provocar que, en ocasiones, la angustia de no sentirnos con el teléfono o dispositivo de turno cerca pueda causarnos un colapso mental, un parón en nuestro procesador particular, así como un psicopático miedo a estar solos y a evitar vivir nuestra sana introspección, debido a que la nueva realidad internáutica que hemos construido como nueva, nos ha hecho olvidar que hay una realidad menos virtual que nos mira cara a cara. Por lo tanto, los neurocientíficos de todo el mundo se ponen de acuerdo al dictaminar que cualquier ayuda tecnológica es válida y bien recibida por nuestro cerebro, siempre y cuando no sobrepasemos el límite multitarea que nos haga susceptibles a interferencias y a metamorfosearnos en seres distraídos y huraños que se decantan por la virtualidad de una aplicación, en vez de unas cañas con los amigos que quizá cuesten más organizar, pero que a la larga sirvan para promover relaciones mucho más duraderas y buenas para la salud de nuestro cerebro... en constante explotación.  

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