¡Fuera resaca en 30 minutos! - L'Officiel España
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¡Fuera resaca en 30 minutos!

Tan importante como saber beber (y no dar la tabarra a tus colegas) es saber qué hacer la mañana siguiente cuando el dolor de cabeza te supera, los ojos los tienes más secos que el cauce de muchos pantanos españoles y todo tu cuerpo te dejó de responder hace unas cuantas copas de más.
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Tan importante como saber beber (y no dar la tabarra a tus colegas) es saber qué hacer la mañana siguiente cuando el dolor de cabeza te supera, los ojos los tienes más secos que el cauce de muchos pantanos españoles y todo tu cuerpo te dejó de responder hace unas cuantas copas de más. Siempre habrá quien nos trate de redescubrir las maravillas del agua, el refresco, los cócteles sin alcohol o la menta poleo como bebidas sustitutivas al copazo de sobremesa y a la copa en la barra de la discoteca, pero pocos hay que puedan negar haberse levantado una mañana en ese estado que solo parece curar el ibuprofeno, un estado más antiguo que el hilo negro. Para aquellos que sufran del mal de la bebida subida en grados y no quieran pasar por el valle de lágrimas que puede suponer, fastidiando todo un fin de semana, informar que ya existe el primer centro clínico para el tratamiento de la resaca. Al nombre de Hangover Clinic, se abre en Surry Hills (Sidney) el lugar en el que pedir cita si lo que se pretende es convertirse directamente en persona de bien, después de una noche absoluta de farra. Tratamientos  a base de sueros y vitaminas y que tienen en sus programas Jump Start, Energise y The Resurrection, sus tres niveles de ayuda en 30 minutos, verdadera puesta a punto necesaria para combatir las múltiples fiestas que en esta temporada han ido dejando mella en nuestro organismo y sin hueco alguno en nuestra agenda. Un centro que seguramente se convierta en el primero de una larga lista de franquicias por medio mundo y que por fin hará posible que no nos gastemos nuestro último capital nocturno en 5 menús de comida rápida, al llegar a casa no tengamos que dejar bajo mínimos la nevera, o echar el ancla en la cama, por lo que pueda pasar hasta que al amanecer prometamos que nunca más volveremos a beber. Mentira tan vieja como dar de comer a un grupo de patos en El Retiro.  

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