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Fotolog descansa en paz

Han sido unos cuantos ávidos fanáticos de las redes sociales los que han dado la voz de alerta: ¡Fotolog ha muerto!
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Han sido unos cuantos ávidos fanáticos de las redes sociales los que han dado la voz de alerta: ¡Fotolog ha muerto! El mundo virtual intenta refrescar la página sin obtener la respuesta que espera (que todo esto sea una broma), guarda su merecido minuto de silencio y enseguida encienden Instagram y Twitter para actualizar y ver si sus followers se han duplicado. Así son las redes sociales. Si algo tienen que agradecer apps como Tumblr, Instragram, Flickr o Snapchat a Fotolog es el haber permitido que el ojo humano se convirtiera en adicto a mirar y remirar. Una actividad que aunque ya normalizada sigue permitiendo que giremos en torno a nuestro propio ego, superando los 15 minutos de fama que pedía Warhol para cada persona y multiplicándolos hasta el infinito y más allá. Imágenes que nos abrieron a un extraño mundo de posibilidades visuales a modo de diario, hoja de ruta, selectiva realidad virtual que desde 2002 convirtió al selfie en nueva unidad de medir. Medidas de aceptación social niveladas por el empuje de los más de 20.000 millones de followers con los que contaba, los cuales no solo podían colgar una foto diaria en sus perfiles sino recibir comentarios e interactuar con otros usuarios, creándose una gran red social entre ellos. Un ver y ser visto que planteaba aquello que lo que no se veía no existía y que pese a sus maneras poco refinadas propuso una nueva identidad de la que salieron la mayoría de influencers que hoy conocemos y a los que las marcas han hecho de oro. Una Cueva de Altamira virtual origen del selfie y postureo vanidoso que han hecho de la interacción con desconocidos, el perfecto canal para transmitir nuestros sentimientos a través de imágenes. Fotografías colgadas en un gran mural que no cesa y sigue creciendo, instantáneas con las que más que socializar se intenta rentabilizar, fotos que pierden la primera plataforma que nos hizo convertirnos en protagonistas, que nos hizo descubrir la necesidad de ese yo más amante del espectáculo… virtual. Romanticismo 2.0. Descanse en paz.

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