Dolce & Gabbana, príncipes, mendigos y muchos kas - L'Officiel España
Hommes

Dolce & Gabbana, príncipes, mendigos y muchos kas

Si hay una novela que siempre nos ha gustado es la que escribió en 1881 el escritor Mark Twain.
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Si hay una novela que siempre nos ha gustado es la que escribió en 1881 el escritor Mark Twain. En ella, el mendigo Tom Canty y el príncipe Eduardo, hijo del rey Enrique VIII de Inglaterra, cambiaban sus vidas dado su absoluto parecido físico. Una historia de la que no solo Disney ha sacado provecho sino también el mundo de la moda que ha visto filón en esta dualidad perfecta, dos opuestos que están destinados a entenderse en su diferencia. Al menos, así lo creen los Dolce&Gabbana. La pareja italiana siguen apostando por esa pasión por lo medieval e histórico que tanto han revisitado en anteriores temporadas pero abriéndose camino a través de un nuevo público con el que pretenden dar que hablar: los jóvenes influencers. De esta manera y a modo de cuento de hadas (o de príncipes en este caso) fueron muchas las caras conocidas (con miles de kas en sus cuentas de Instagram) que saltaron a la pasarela para desfilar con lo último de la excéntrica firma para la que el horror vacui sigue siendo tendencia desde los 80. Una nueva generación, una nueva corte de clientes que se abren paso en un mundo de la moda que parecía diseñado solo para un rango de edad y que ve como el listón va cayendo en favor de estos supuestos mendigos que tornan en realeza con subir a la pasarela. Una colección que sin perder de vista los impecables trajes con brocados como de otra época, los pijamas de seda como perfectos outfit para un evento de alto copete, las camisetas, pantalones con excéntricos motivos de uso más diario o unas reinterpretadas bomber a juego con unos perfectos mocasines de terciopelo hacen las delicias de Pelayo Díaz (nuestro príncipe Dolce&Gabbana patrio y mejor embajador), Cameron Dallas y compañía para un otoño/invierno próximo que ya cuenta con millones de likes. Un show que no perdió en ningún caso ese flow siciliano tan terruño y necesario en un desfile de la marca a la que le parece poco hablar de una sola tendencia porque lo suyo es ponérselas todas encima. Un carrusel de salidas interminables (porque para gustos se hicieron los colores) y todo el foco y atención a estos millennials que están decididos a hacer de la moda, su persuasivo mundo y su nada reprobable manera de ganarse la vida.  

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