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Disney sale del armario

Es pleno siglo XXI y la factoría Disney nos sigue sorprendiendo con historias nuevas y, a veces, hasta relevantes.
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Es pleno siglo XXI y la factoría Disney nos sigue sorprendiendo con historias nuevas y, a veces, hasta relevantes. Los estudios siempre se han encargado de fabricar sueños, y también estrategias de marketing. El contexto es Disney Channel, canal especializado en contenido infantil, y, más concretamente, la serie Andi y Mack, focalizada en pre y adolescentes. Es Cyrus, uno de los mejores amigos del personaje principal del programa, quien en este caso sale del armario para protagonizar la primera historia de este tipo que el canal y la compañía retratan. Aunque no será el primer personaje gay de la cadena, sí es la primera vez que presentan una historia completa de descubrimiento de la identidad sexual y forma parte del argumento cómo Cyrus realizará ese viaje. Yo, como prácticamente la mayoría de las personas alrededor del planeta, he crecido viendo algunas de las historias que Disney nos preparaba cada temporada, siempre historias de amor, fantasía y aventura con las que se supone que el espectador, niños en este caso, tenía que sentirse afín. Qué confusión, ¿no? ¿Quién podía ser yo? ¿El príncipe o la princesa? Si me gusta Erik, ¿yo tenía que jugar a ser Ariel? Obviamente, Disney se ha pasado décadas fallando a una parte de sus espectadores; un sector, por otro lado, con mucho potencial. Bien es cierto que a los estudios no les han faltado personajes que implícitamente, y por razones entre lo obvio y el cliché, han sido designados por el público como gays. Claros ejemplos son el Genio, en Aladdin, quien sabía más de cultura pop y cambios de look que RuPaul; Hades, de Hércules, soltera, amanerada y con más mala leche que el peluquero del barrio de mi madre; o la pareja discreta más feliz de la sabana, Timón y Pumba. Pero tomando el caso de Hades, nos encontramos con personajes en los que esa ambigüedad sexual era solo manifiesta en aquellos que tenían que ser odiados o merecían el más profundo ostracismo por sus planes malvados contra los protagonistas, generalmente con sus historias de amor. Ejemplos como Jaffar (Aladdin), Ursula (La sirenita), el gobernador Ratcliffe (Pocahontas), Scar (El rey león), el capitán Hook (Peter Pan) y algunos otros un tanto más olvidados. El elenco de Disney está salpicado de homosexualidad se mire por donde se mire, pero siempre han faltado personajes de referencia con los que la comunidad LGTBIQ pudiera identificarse y soñar con ser también príncipes, princesas, héroes, heroínas o, en definitiva, jugar a ser esa persona cuyo amor triunfa y es aplaudido por todos. Lo cierto es que Disney ha inspirado e inspira a millones de niños y adolescentes alrededor del mundo, pequeñas personas que el día de mañana, y muchos también hoy, serán las encargadas de llevar las riendas de la sociedad y mejorarla. Disney crea un mundo de sueños, y algunos han preferido trasladarlo a su imaginario y hacer de ello lo suficientemente LGTBIQ para que quepa en una sociedad cada vez más diversa. Sendos ejemplos nos encontramos en el mundo de las artes, en el que diseñadores como Bobby Abley han re ejado su obsesión con los estudios en alguna de sus colecciones. Ropa deportiva, sospechosamente sexy para un hombre al que no le importará enseñar sus músculos además de presumir de su afición a los dibujos animados. Su popularidad en el mundo de la moda ha pasado por inspirarse en todo el imaginario de la factoría, desde La sirenita hasta Star Wars pasando por los Power Rangers, uniendo lo masculino, lo femenino, lo adulto y lo infantil. Artistas como Borja Casterad nos han mostrado el lado más político y controvertido introduciendo en sus pinturas de claro contenido queer siluetas y detalles que recuerdan a Micky y Minnie, dos de los personajes más reconocibles y antiguos de Disney, reminiscencias de una época en la que la homosexualidad no estaba solo mal vista, sino también castigada incluso en los países occidentales. Quizás Micky y Minnie fueron esa pareja de mediados del siglo XX que escondían sus verdaderos sentimientos con un matrimonio que les ayudaba a lavar su imagen. La comunidad LGTBIQ en particular y la sociedad en general están necesitadas de una fuerte normalización y transparencia entre las diferentes capas que la conforman, y que reflejen esa cada vez más evidente transferencia y horizontalidad entre los numerosos gru- pos identitarios que poco a poco van aumentando a la luz de una sociedad que se va actualizando a sí misma. Relegar el ellos vs. nosotros al pasado para hacer de la inclusión la norma. Cual Rapunzel, princesa Disney 2010 en Enredados, y clásico de liberación donde los haya, cada vez son más las personas que salen de su particular armario, el de la homosexulidad, la transexualidad, de la diferencia y de esos lugares oscuros en altas torres que los mantienen apartados de los demás y de sí mismos. Todavía nos queda camino que recorrer hacia la meta de la normalización y cada paso cuenta, y mucho, especialmente cuando se trata de grandes corporaciones. Disney no es la primera, pero sí una de las más relevantes. Tenemos las grandes campañas de Absolut Vodka en pro de los derechos LGTBIQ, Burger King, Ski- ttles, Oreo, incluso El Corte Inglés con aquel tan emotivo anuncio del echazo. Pero lo cierto es que a veces sabe un poco a salida del paso porque, lo crean o no, también hay príncipes y princesas gays que se enamoran y viven felices. En vistas de la casi inminente segunda parte de Frozen, y apoyando las ya muy virales campañas por toda la red, lancemos a Disney un fuerte mensaje de progresión real, #GiveElsaAGirlfriend #DadleAElsaUnaNovia. Artículo publicado en el número 10 de papel, de Invierno 2017/2018

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