L'Officiel 25: Cicciolina #PortadasQueCobranVida
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L'Officiel 25: Cicciolina #PortadasQueCobranVida

Los sueños, (no sólo) sueños son.
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Si Calderón de la Barca llevó al teatro la libertad del ser humano con su obra La vida es sueño, Cicciolina, la diva internacional del porno en los años ochenta, hizo lo propio con la erótica. Y precisamente de libertad es de lo que venimos a hablar con nuestro número 25 de L’Officiel y con nuestra protagonista de portada, la gran Cicciolina. Ilona Staller para los amigos. 

Algunas de las cosas que podemos contar sobre esta porn star se encuentran en el interior de las páginas de este número que da vida al mes de mayo. Para no dejar con la miel en los labios: en 1983 comenzó a coquetear con el porno duro, en 1988 se retiró de él, en el 91 se casó con Jeff Koons y un año más tarde tuvo a su hijo Ludwig, un cuidado a tiempo completo mientras su affair con la política empezaba a chispear. Sin embargo, otras de las muchas cosas tuvimos que esperar a descubrirlas en la comida que compartimos con ella el pasado 26 de abril, como solemos acostumbrar, en el espacio que reservamos para las mejores ocasiones: nuestro ya familiar Club Matador (Madrid). Y conocer a una diva de la erótica, del porno y de la libertad del ser, estar y parecer, sin duda, era una ocasión (muy) especial.

Pero que Cicciolina (Ilona Staller en su entorno y Elena Anna Staller en el Registro Civil) es mucho más que un cuerpo bonito, es algo que sabíamos desde mucho antes de sentarnos con ella a charlar sobre sus estupendos 67 años y su intensa y controversial etapa en la política italiana. Un camino nada fácil, quizá por su previa trayectoria profesional en el porno, pero muy satisfactorio al mejorar la calidad (y cantidad) de libertad de las mujeres. Por supuesto, no sólo en el sexo, también en la propia toma de decisiones y en la elección (libre) de los actos. 

Una Ilona Staller convertida en todo un mito de lo prohibido, del atrevimiento, pero también de la sencillez. Porque así es ella y así se nos mostró entre primeros y segundos platos: una mujer suspicaz, sensual, carismática y muy pendiente de los suyos. Amante de la vida sana, peregrina de gimnasios, caprichosa de una copita de vino tinto y exhibicionista orgullosa de sus pechos (siempre decidida a enseñarlos en cualquier momento). Pero cuando se trata de hablar de lo único importante de su vida, lo tiene claro: ese niño que todos conocimos mientras se amamantaba de su madre sentada en su escaño durante un pleno del hemiciclo italiano. Su hijo, su vida. Su profesión, una anécdota que contar(nos). Y su presencia con vestido azul de sirena, un regalo que nos hizo a todo el equipo de L’Officiel y a un petit comité de amigos. 

Para nosotros fue mucho más que sentarnos a escuchar la vida de una diva, comer en un reservado con un puñado de amigos o gritarle al mundo que un nuevo número de L’Officiel ya estaba en la calle. Fue, en contra de lo que nos enseñó Calderón de la Barca, demostrar que los sueños no sólo son sueños. Sí una realidad. Y es que estrechar la mano a Cicciolina fue dar un paso más, dar vida a nuestra portada. Traspasar la frontera que separa lo editorial de lo humano, lo profesional de lo personal, lo simple de lo original y lo imposible del deseo. 

Con ella comimos, reímos, compartimos confidencias, brindamos y prometimos volver a vernos, porque si algo tenemos claro es que en esta casa las portadas se sientan a la mesa con nosotros, nos chivan cosas al oído y se convierten en una prolongación de nuestros deseos. 

Eso sí, no sin antes asistir, copa en mano, al deseo de Cicciolina:

“Salud, amor y sexo”

Chin, chin. 

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