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Hasta siempre Harper Lee

La autora de Matar a un Ruiseñor ha fallecido dejando tras de sí un legado que vivirá siempre.
La autora de Matar a un Ruiseñor ha fallecido dejando tras de sí un legado que vivirá siempre. La escritora, la joven de Alabama, la amiga de Truman Capote, la recepcionista, la que llegó a escritora, la que vendió – y sigue vendiendo – más de tres millones de ejemplares de Matar a un ruiseñor y la que ganó un Pulitzer por aquella maravillosa obra, Harper Lee, la mujer en la sombra, ha fallecido a los 89 años de edad. Y digo “mujer en la sombra” porque vivía en la intimidad más absoluta, aunque su talento se prodigaba a los cuatro vientos y aparecía de vez en cuando con su gran amigo Truman Capote, con quien colaboró en A Sangre Fría. Pero por lo demás, Harper era una mujer discreta a quien ni el éxito del Pulitzer ni las alabanzas a su obra llevaron jamás a la escena pública. Una retirada que se volvió más severa cuando la escritora sufrió un ictus en 2007. Pero, para nuestra sorpresa, salió de aquel silencio en 2015 con Ve y pon un centinela, la continuación de Matar a un ruiseñor, una novela que en sólo una semana superó el millón de ventas en Estados Unidos. Después de aquel nuevo éxito, Harper se retiró a la pequeña localidad de Alabama donde nació, Monroeville, y allí nos ha dicho adiós. “Prefiero que disparen a las latas vacías en el patio trasero, pero sé que ustedes van tras los pájaros. Dispara a todos los pájaros azules que quieras, si es que les puedes acertar, pero recuerda que es un pecado matar un ruiseñor-. Ese fue el único momento que escuché a Atticus decir que era un pecado hacer algo, y le pregunté a la señorita Maudie al respecto. -Tu padre tiene razón-, me dijo ella. Los ruiseñores no hacen otra cosa que crear música para que la disfrutemos. No se comen los jardines de la gente, no hacen nidos en los graneros, no hacen otra cosa que cantar su corazón para nosotros. Es por eso que es un pecado matar a un ruiseñor”. Música fue lo que hizo Harper Lee con esta novela, música para todos nuestros sentidos. Un legado que permanecerá con a nosotros más allá de las hojas de Matar a un ruiseñor. Descansa en paz, Haper Lee.

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