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Grace, la última soñadora de la industria

Dicen que es un icono, “la estilista viva más grande”.
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Dicen que es un icono, la estilista viva más grande”. Pero ella no se reconoce en esas palabras. De lo que no cabe duda es de que Grace Coddington es la última soñadora de la industria de la moda. La única que se ha hecho fundamental en ella sin rendirse a sus normas. Grace Coddington no es de este planeta. al menos, no de este planeta moda que es su industria. Es una marciana, un ser que se desenvuelve a su manera en un mundo que no es el suyo. Para muestra, su capacidad para vivir en una dimensión ajena a nuestro espacio/tiempo. Coddington conserva la mirada con la que en su juventud se maravillaba con las páginas de los ejemplares de Vogue que llegaban con cierto retraso a la isla de Anglesey, en Gales, donde sus padres regentaban un hotel. En cierto modo, continúa viviendo en esa época y cumpliendo con su trabajo como se hacía en el siglo pasado. O lo que es lo mismo: ajena a internet. Ni sabe ni quiere saber sobre los usos y costumbres del correo electrónico y cualquiera con un poco de vista puede deducir que quien está detrás de su perfil de Instagram (@therealgracecoddington) no es ella, sino su asistente. Tampoco elabora moodboards a partir de sesiones de fotos de décadas pasadas y elaboradas por otros obtenidas de esa fuente de alimentación básica que para los estilistas suponen los tableros de Pinterest. Como consecuencia de lo anterior es la única editora de moda que no entiende de tendencias ni temporadas. Valora lo que ve sobre la pasarela en función de volúmenes y texturas; de brillos, bordados y caídas. Porque sólo bajo ese criterio puede dar rienda suelta a su estilo, recrear obras de arte o personajes de fantasía con otros marcianos como Tim Walker. Como consecuencia de esto, es la favorita de fotógrafos, maquilladores y peluqueros porque con nadie se lucen tanto como cuando trabajan con Grace. Pero volvamos a la pasarela. Porque también es justo decir que es de las pocas afortunadas con invitación de front row que realmente presta atención a las colecciones durante los desfiles. Si algo la emociona todavía lo boceta para no olvidarse. en un momento en el que el interés del invitado hacia lo que sucede en la pasarela es inversamente proporcional a la calidad de su asiento, su candidez es un milagro. Esos dibujos, por cierto, son la única forma de plantar cara a voguerunway.com. Aunque en la industria de la moda muchos reconocían su figura, labrada durante más de 50 años de carrera, se hizo mundialmente conocida gracias a The September Issue (2009). en el documental quedó patente su (¿tensa?, ¿complicada?, ¿inevitable?) relación con Anna Wintour. Quedó también patente que las dos han sido determinantes para sus carreras. Es una marciana porque no le interesa la fama, no le interesan las celebrities, no le interesa el corte de pantalones vaqueros que se lleva o si esta temporada toca hacerse con una prenda de ante. Es decir, no le interesa el lenguaje del Vogue para el que trabaja. Le interesa crear imágenes, el lado artístico de la fotografía. Por contradictorio que suene, ese medio en el que batalla no sería lo mismo sin ella y eso es lo que se concluye de un solo vistazo a Grace: Thirty Years of Fashion at Vogue, publicado originalmente en 2002 y reeditado por Phaidon, plagado de seres que sólo pueden venir de su planeta. Artículo publicado originalmente en el número 5 de L’Officiel España

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