Celebrities

Famosos, ¿esas extrañas criaturas?

Nacemos, crecemos, nos reproducimos (o no) y queremos ser famosos.
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Nacemos, crecemos, nos reproducimos (o no) y queremos ser famosos. No nos basta en ser nosotros, queremos ser como ellos pero, ¿quién son ellos y por qué nos gustan tanto? El diccionario de la Real Academia Española da hasta cuatro definiciones de la palabra ‘famoso’ . En resumidas cuentas, es algo o alguien que es visible e indubitable, que lo reconocemos a simple vista. Es decir, Barack Obama, Beyoncé Knowles, Karl Lagerfeld, Simone de Beauvoir, Orlando Bloom, Marilyn Monroe, David y Victoria Beckham (juntos y por separado), Jane Birkin, Michael Jackson y así una larga lista de nombres que conocemos por activa y por pasiva, como si fuesen sangre de nuestra sangre. Pero, ¿por qué esa atracción? “La fama es un poderoso imán cultural” confesaba el antropólogo social Jamie Tehrani en un artículo que realizó para la BBC. Para encontrar sus raíces tenemos que mirar hacia uno de los instintos humanos más básicos: la mímesis. Cuando alguien es famoso queremos imitarlo porque deseamos ser como él, conseguir sus logros y que los otros lo sepan y nos los reconozcan a nosotros también. Tehrani habla de la antropología -el estudio de la realidad humana- del prestigio, basada en el respeto y la admiración de los miembros de una comunidad hacia una persona. En otras palabras, ser reconocido y después imitado. En ella define la naturaleza voluntaria del prestigio -éste se otorga gratuitamente en reconocimiento de los logros-, alertándonos que no por ser famoso tenemos que considerar a éste como un modelo a seguir y viceversa. En la sociedad moderna en la que vivimos “se presta mucha más atención a los hábitos y comportamientos de los famosos que a los de miembros ordinarios de nuestra comunidad” concluye Tehrani. Y no precisamente porque sus logros sean mejores. Famosos 2.0 Las redes sociales han aumentado todavía más este anhelo de ‘querer ser como’ o cuanto menos intentarlo. Somos voyeurs de las situaciones más íntimas de las personas a las que seguimos: dónde van de vacaciones, que desayunan por la mañana y cómo han celebrado su cumpleaños. Queremos ir, comer y festejar lo mismo y ellos quieren que lo queramos. Un trabalenguas 2.0 que agranda más aún el imperio del famoso aunque a veces -las peores de las veces- la obsesión de los ‘imitadores’ (también llamados ‘fans sin fronteras’) por las celebrities llega a tales extremos que el propio famoso querría dejar de serlo y destruir todo su imperio. Al menos por un rato. El último caso es el de Gigi Hadid que decidió cambiar de casa por miedo a un fan muy fan, véase acosador, que había intentado entrar en la propiedad de la modelo. Queramos o no ser famosos, queramos o no imitarlos o, sencillamente, queramos o no a los famosos, que por lo menos haya un porqué con el que poder argumentarlo.      

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