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El pasado mes de diciembre Dean y Dan Catenacci (Caten, a secas, para los negocios) cumplieron 50 años.
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El pasado mes de diciembre Dean y Dan Catenacci (Caten, a secas, para los negocios) cumplieron 50 años. Apenas un mes después la firma de moda de la que son propietarios, Dsquared2, celebró su vigésimo aniversario y la efeméride coincide con un desarrollo empresarial que se ha disparado en los últimos años: del mundo de la ropa masculina de sus orígenes han pasado a la ropa para mujer, los complementos, los perfumes, las gafas y una sorprendente línea infantil. El penúltimo capítulo en su innovadora trayectoria fue la apertura de un restaurante (con dos piscinas), Ceresio 7, situado en la azotea de su cuartel general en el centro de Milán. Y en marzo abrieron su tienda insignia en Londres, la ciudad en la que viven, en la esquina de Conduit Street y Savile Row, la calle tradicional de la sastrería a medida masculina. El enorme potencial del mercado chino es su próximo proyecto empresarial… Tan expertos en marketing (ellos mismos eligen a sus modelos y sus fotógrafos) como efectistas en el diseño de ropa –en unos tiempos en los que diferenciarse de la masa se ha vuelto imprescindible– su propia biografía se alió con ellos: canadienses con padre de origen italiano y madre inglesa, son los más pequeños de nueve hermanos, incluidas ¡seis chicas! Así empezó su gusto por la moda. “A los doce años ya acompañábamos a nuestras hermanas a las tiendas y las aconsejábamos sobre lo que les sentaba mejor”, explica Dan entre risas. Los gemelos idénticos (“Éramos mucho más parecidos –asegura Dean–. Estamos dejando de ser idénticos ahora”) han hecho de esa característica una fortaleza: son la única pareja de hermanos gays que triunfa en el mundo de la moda. Y lo alimentan con declaraciones curiosas, como que, a sus 50 años, siguen compartiendo dormitorio y durmiendo juntos. “Excepto cuando alguno tiene algún invitado especial; entonces dormimos en habitaciones diferentes. Pero si no, nos quedamos hablando de todo lo que ha pasado durante el día hasta que uno de los dos se queda dormido”, advierte Dan. Sólo unos ligeros matices físicos les diferencian. Pero en la charla sí se aprecian más distancias: Dean es más introspectivo, su voz tiene un tono más grave y se muestra mucho más reservado. Dan, en cambio, ejerce de portavoz casi constante y parece cómodo en el papel de enfants terribles de la moda que se les ha colgado, a pesar de que sugiere quitarse para las fotos, la camiseta con el lema Fucker que rompe el blanco inmaculado del algodón. Ahora, además, hay cambios logísticos. “Los dos solíamos hacer lo mismo –explica Dan–, pero la compañía se ha convertido en algo muy grande y se ha hecho necesario que hagamos cosas diferentes. Ahora Dean se encarga de la línea de mujer y yo de la de hombre; pero, en cualquier caso al final del día comentamos lo que hace cada cual para ponerlo todo en común”. Sin siquiera haber terminado sus estudios de corte y confección (los dejaron a los seis meses) empezaron a trabajar en Nueva York como directores creativos para Ports International. Sólo tenían 19 años, pero ellos eran los it boys y sabían lo que tenían que hacer. La compañía iba de pena, pero la auparon a un punto de no retorno: pocos años después, en 1991, el propietario la vendió y los gemelos se trasladaron a Europa. Pero allí se dedicaron a ir a clubes (¡y a ser gogós!) antes que al diseño. En 1995, cuando cumplieron 30 años, se dieron cuenta de que habían viajado hasta Italia para ser diseñadores de moda e inmediatamente se pusieron manos a la obra en Milán. En la ciudad italiana desarrollaron su propia marca de ropa, inicialmente de línea masculina. El gran salto adelante se produjo cuando Madonna –ágil cazatalentos del mundo del espectáculo– se fijó en ellos. “En el año 2000 trabajamos con ella en el videoclip vaquero de Don’t tell me. Luego nos pidió que creáramos 150 trajes para su gira mundial Drowned World. Todavía no habíamos creado la línea de mujer, así que lo que hicimos fue adaptar nuestra ropa de hombre”. Finalmente, en 2003, nació la línea femenina. “Que Madonna se interesara por nosotros fue impresionante, porque hasta aquel momento muy poca gente sabía quiénes éramos y, en cambio, después de aquella gira se puede decir que todo el mundo nos conocía. Ella fue, realmente, la que abrió los ojos de la gente a nuestro trabajo” reconoce Dan. Después llegaron Christina Aguilera, Britney Spears, Rihanna o Fergie, la ex-Black Eyed Peas. Aunque los primeros pasos que dieron confeccionando ropa de mujer pudieran hacer pensar lo contrario, la androginia y el minimalismo no son sus señas de identidad. Más bien lo que los hermanos Caten desean es hacer sentirse sexy a la mujer. “No tiene nada que ver con la androginia –responde Dan. El contraste de elementos masculinos con femeninos provoca un efecto tremendamente sexy. Lo que sí es cierto es que nosotros somos nosotros y diseñamos las cosas a nuestro gusto. En ese sentido, la marca ha madurado en la medida en que nosotros lo hemos hecho. No somos sólo una marca de jeans y camisetas”. Con relación al futuro no quieren soltar prenda, pero no descartan (¡quizá es una broma!) abrirse a la ropa deportiva: “Me gusta Prada, me gusta Comme des Garçons –afirma Dan–. Nosotros vestimos casi siempre con nuestros diseños, pero si tuviera que comprar algo sería de… Nike (risas). Me gusta la ropa técnica de deporte, la de los surferos y de los snowboarders… Es sólo una idea: parkas, chaquetas, etc. Pero… ¡quién sabe!”.

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