Antiguo hogar del almirante López-Pintado, Marqués de Torre Blanca de Aljarafe, este edificio barroco es una de las casas-palacio mejor conservadas de la ciudad. Su monumental entrada con columnas de mármol conduce a un patio central adornado con fuentes y naranjos, preludio de una experiencia que aúna tradición y modernidad de la mano de GCA Arquitectos y Patricia Urquiola. Aquí, los azulejos del XVIII conviven con mobiliario de autor y piezas icónicas de Philippe Starck, en un proyecto de interiorismo que eleva el contraste entre pasado y presente a un arte.
El hotel cuenta con 50 habitaciones únicas, donde la energía aristocrática se fusiona con el confort de última generación: televisores Loewe, altavoces Bang & Olufsen, ordenadores Apple en suites y un diseño que equilibra lo clásico con lo minimalista. Entre ellas brilla con luz propia la Suite Torreón, en la antigua cúpula del palacio: 85 m² con terraza privada y vistas panorámicas sobre los tejados y campanarios de Sevilla, presidida por una bañera de mármol del siglo XIX.
En el restaurante Los Rincones del Marqués, el chef sevillano Jorge Cortés convierte la tradición andaluza en un laboratorio del sabor, actualizando recetas locales con producto de kilómetro cero y técnicas refinadas. Sus croquetas de cola de toro, la cazuela marinera de atún rojo o un delicado salmorejo de hierbabuena son solo algunos de los platos estrella que se disfrutan en escenarios singulares: bajo los naranjos del patio, en el interior del restaurante o en las antiguas bodegas del palacio. Todo acompañado por una cuidada selección de vinos que honra la riqueza enológica del sur.
El espacio wellness del hotel es un auténtico templo de relajación, recientemente renovado. Dispone de hammam, sauna finlandesa, jacuzzi, ducha de contraste tropical y una fuente de hielo, además de tratamientos con productos de alta cosmética natural de ALQVIMIA. Dos cabinas —una doble— acogen rituales exclusivos como Reina de Al-Ándalus o Alegría de Azahar. En la azotea, entre los aromas de azahar y las vistas a la Giralda, el yoga al amanecer o al atardecer invita a reconectar cuerpo y mente.
Alojarse en el Palacio de Villapanés es vivir Sevilla desde su esencia. Es dormir bajo artesonados de madera que han sido testigos de siglos de historia, pasear entre patios que evocan la hospitalidad andaluza y despertar en un enclave donde el lujo discreto se funde con la tradición. Un verdadero anfitrión que abre sus puertas al viajero más exigente, ofreciendo el privilegio de experimentar la ciudad desde una de sus joyas más auténticas.































