Diseñado originalmente por el legendario arquitecto Ed Tuttle, Amanjena —cuyo nombre significa “paraíso pacífico”— conserva intacta su armonía geométrica y su carácter monumental. La reciente restauración ha sido un ejercicio de respeto: maestros artesanos marroquíes han devuelto el brillo al tadelakt rosado, han recolocado mosaicos de zellige a mano y han rejuvenecido los jardines, asegurando que cada rincón respire la misma calma majestuosa que inspiró su creación.
El resultado es un equilibrio perfecto entre lo ancestral y lo contemporáneo. Los espacios mantienen su pureza estética, mientras las comodidades modernas se integran con discreción. En el corazón del resort, el gran bassin esmeralda sigue reflejando las columnas, las palmeras y el cielo del atardecer como un espejo de quietud.
Entre las novedades, Amanjena presenta un renovado santuario de bienestar. A sus emblemáticos hammams de mármol se suma un nuevo centro de fitness distribuido en dos plantas, equipado con tecnología de vanguardia y un luminoso estudio de yoga donde el sonido del silencio se vuelve casi tangible. La experiencia invita a reconectar el cuerpo y la mente con el ritmo pausado del desierto.
La gastronomía también escribe un nuevo capítulo con Arva, el restaurante insignia de Aman, que llega a Marrakech bajo la dirección del chef Francesco Balloo. Fiel a la filosofía italiana de compartir, Arva combina la calidez mediterránea con productos locales: desde el Agnello e Caponata, donde el cordero marroquí se funde con la técnica italiana, hasta la delicada Sogliola alla Mugnaia, una oda al sabor sencillo y honesto.
Entre las 40 villas y pabellones del resort, destaca la nueva Three-Bedroom Pool Villa, concebida para familias y grupos que buscan privacidad sin renunciar a la amplitud y el confort. Con piscina climatizada, jardines íntimos y espacios interiores bañados por la luz, esta villa encarna la idea de hogar en su expresión más refinada.
Más allá de sus muros, Amanjena invita a descubrir Marruecos desde la autenticidad: cenas bereberes bajo las estrellas del desierto de Agafay, talleres de cerámica con artesanos locales o paseos al atardecer entre los zocos y las callejuelas de la ciudad roja. Cada experiencia revela una forma de vida que resiste al tiempo y que Aman honra con respeto y sutileza.
Amanjena reabre así no solo como un hotel, sino como una promesa: la de un lugar donde la belleza, el silencio y la hospitalidad marroquí se funden en una misma respiración. Un refugio eterno que, veinticinco años después, sigue siendo fiel a su esencia: la paz como forma de arte.
El universo Aman: más allá del hotel
Desde su fundación en 1988, Aman ha redefinido el concepto de hospitalidad con una colección de retiros que combinan discreción, diseño impecable y una conexión profunda con su entorno. Lo que comenzó con Amanpuri, en Phuket, se ha convertido en una red de 36 santuarios repartidos por el mundo, cada uno concebido con la calidez y la intimidad de una residencia privada.
En los últimos años, el grupo ha expandido su universo más allá del alojamiento, llevando su filosofía de serenidad y sofisticación a nuevas áreas. De ahí nacen Aman Skincare, Aman Fine Fragrance, la línea de moda The Essentials by Aman, y más recientemente Aman Interiors, que traslada su estética minimalista a piezas de mobiliario y diseño interior.
Fiel a su espíritu innovador, Aman también ha dado vida a Janu, una marca hermana cuyo nombre significa “alma” en sánscrito. Si Aman representa la introspección y el retiro, Janu celebra la energía vital, la interacción humana y el bienestar social. Su primer hotel, Janu Tokyo, abrió en 2024, inaugurando una nueva etapa para el grupo, donde el equilibrio entre la mente, el cuerpo y el alma se convierte en la esencia del lujo contemporáneo.














