El mundo se divide entre las personas que sabe hacer ensaladas y las que no. Entre los que ponen un triste plato verde y los que conocen la combinación perfecta de ingredientes. Entre los que maldicen el aliño y los que son conscientes de su necesidad (científica). Básicamente, entre los que han leído este artículo y los que no.
Hacer una ensalada tiene su ciencia, sencilla pero ciencia. Y es que tendemos a pensar en ella como un plato triste que nos ayuda a adelgazar pero que no suele apetecer en absoluto, cuando en realidad es un plato muy saludable que nos ayuda a llevar una dieta equilibrada y rica si aprendemos a hacerla en condiciones. En concreto, hay diez cosas que hacemos mal.
El “todo vale”
Que se llame “ensalada” no quiere decir que añadamos lo que añadamos vaya a ser light. Es el primer error y el más común, hacer ensaladas que contienen más calorías de las que debería contener una comida. De cada grupo de alimentos, añade los que te gusten y en su justa medida: algo de proteína, verduras y hortalizas, algún carbohidrato e incluso algo dulce. Pero no eches toda la despensa.
Eliminar los carbohidratos
Si la ensalada va a ser plato único, debes añadir algún carbohidrato, además de proteínas, para convertirla en un plato completo. Pero precisamente los hidratos de carbono son los primeros ingredientes que eliminamos. Añade quinoa o unos picatostes hechos en casa y de pan tostado no frito. No cuesta nada y resulta más rica por la mezcla de texturas.
No medir la proteína
O dejamos la ensalada verde o parece un cuadro cubista a base de ingredientes de todos los colores que acaban deformando la idea de “ensalada”. No hace falta echar pollo, huevo, atún, jamón, bacon y anchoas. Elige qué alimento proteico te apetece y note pases. Por ejemplo, si quieres pollo, echa la cantidad de pechuga que comerías a la plancha, si comes dos filetes, esa es la cantidad que debes echar. Pero si además quieres añadir jamón o huevo, quizás valga con que trocees, por ejemplo, un filete y añadas el huevo.
No escurrirla bien
No tiene consecuencias para la salud pero tu ensalada acabará siendo una sopa bastante desagradable. Lava bien las hojas verdes y con tiempo para que se sequen.
Prescindir del aliño
Creemos que por no aliñarla engordará menos, y es cierto que nos quitamos calorías pero también sabor. Y además tiene un problema añadido, el aliño ayuda a asimilar los nutrientes de las verduras y hortalizas, lo confirma un estudio.
Combinar ingredientes al azar
Lo ideal es combinar un ingrediente crujiente, por ejemplo picatostes, frutos secos, pepino y las hojas bien frescas; uno tierno como tacos de jamón o maíz; uno sabroso como puede ser el pavo o el atún en conserva; y uno diferente, como frutos secos, el punto dulce de la fruta o tomates secos.
Utilizar un solo tipo de hoja
Cada hoja y cada brote tiene propiedades distintas. Mezcla varios tipos para tener un plato más completo.
Aliñar mucho antes
Es de lógica y ya habrás comprobado el resultado. Las hojas se ablandan y acaba siendo una pasta muy poco atractiva al paladar.
Cometiendo todos estos errores, tendremos una ensalada carente de nutrientes o con exceso de los mismos, poco apetecible y, en definitiva, aburrida.
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Así no se hace una ensalada
El mundo se divide entre las personas que sabe hacer ensaladas y las que no.







