Considerado el hotel más atrevido de Anima Hotels, Wittmore ofrece un enclave donde inspirarse de la mano del talento de nueva ola de la ciudad. Con la personalidad de un speak-easy, el alma de la vanguardia artística catalana y la puesta en escena de un “salón” del siglo xxi, se trata de un hotel de marcado carácter femenino, elegancia sutil y mente abierta que se construye alrededor del concepto de “lujo creativo” buscando atraer a los quienes buscan diversión, inspiración y networking, reinventando las viejas reglas de no mezclara trabajo y placer.
El Hotel Wittmore entiende el lujo como algo intangible y efímero, vinculado a la serendipia, a la experiencia única que nace de la unión fugaz de varios factores, creando instantes irrepetibles. Pero, aunque los momentos memorables en Wittmore son espontáneos, no son casuales: surgen de la selección cuidada de cada detalle, de una propuesta decorativa sugerente, una oferta de entretenimiento que busca el estímulo creativo y un equipo de gran personalidad que sabe entretener con total discreción.
La familia propietaria, acostumbrada a moverse en los círculos creativos de la ciudad, ve en Hotel Wittmore un espacio de libertad e inclusión, donde cuestionar lo obvio y poner en valor el alma artística de las personas.
Todas las habitaciones de Wittmore Hotel disfrutan de unas hipnóticas vistas sobre el patio interior y su exuberante jardín vertical que parece adentrarse en la habitación, conformando un interesante lienzo natural que otorga oxígeno a la estancia, a la vez que las inunda de luz natural y calma. La elegante decoración, el cómodo suelo enmoquetado y el exclusivo mobiliario crean un ambiente íntimo y relajado.
Las diferentes tipologías de habitación, Small, Medium, Large y XLarge, se diferencian por sus dimensiones, desde los 19m2 hasta los 35m2, mientras que la Witmore Suite dispone de un pequeño salón, así como de bañera además de ducha. Además, aquellos que se alojen en la Suite tendrán a su disposición la Roofless experience o, lo que es lo mismo, tendrán la oportunidad de vivir la experiencia disfrutar de la terraza del hotel de manera totalmente privada durante 2 horas de 9 a 11 de la noche.
Escondido entre las angostas y pintorescas calles del barrio gótico, una puerta negra al final de un pequeño callejón sin salida da la bienvenida a un oasis de elegancia informal. La finca donde se ubica este hotel boutique “Adults Only” eran unos antiguos lavaderos públicos del siglo xix, de los que únicamente se mantienen algunas marcas en los pavimentos.
La sensación de comodidad y de sentirse como en casa se consigue gracias a espacios cálidos y acogedores que huyen de grandes halls, salones o zonas comunes. La combinación de los terciopelos de los sofás con las librerías infinitas y las maderas nobles, así como la luz tenue que acaricia los espacios, transforman este lugar en un verdadero oasis urbano en el que todo es posible.
El edificio se articula alrededor de un pequeño patio central que da vida, en una de sus paredes, al jardín vertical más alto de Barcelona. Con más de 3.000 plantas, este tapiz vegetal preside el patio interior a dónde miran todas las habitaciones, de manera que cada estancia dispone de vistas sobre un retazo de jardín.
El Restaurante Contraban, alma del hotel y lugar de encuentro de la creatividad tanto foránea como local, ofrece una carta inspirada en las emociones que surgen durante un proceso creativo.
Así, el chef Alain Guiard ha plasmado con sabores y texturas sensaciones como la “impaciencia”, representada por una selección de platos rápidos de servir y comer como los Fiambres artesanos, panceta de cerdo chicharrón, pies de cerdo con pistachos y pickles; la “libertad” con bocados que puedan tomarse a cualquier hora como la Tarta/brioche Michelangelo con tomate picante, ricota, hinojo y chorizo ibérico o el Sándwich/almohada de rabo de buey con queso crema de olivada; “en blanco” con combinaciones sencillas de sabores que ayuden a salir del bloqueo como la Berenjena escalivada con miel de pino y piñones o la Coliflor al horno al limón y tahini; la “exitación creativa” con diferentes carpaccios muy visuales que permitan ser trabajados casi como lienzos como el Carpaccio de remolachas, céleri, nabo negro, rabanitos, trufa negra, flores y hierbas; la “frustración” con recetas que para poder ser disfrutadas requieren de la intervención del camarero para romper esa “frustración” representada en obstáculos como la Remolacha cocinada en costra de arcilla, servida con queso crema y salsa trufa; la “sorpresa” con platos inesperados como el el Turnedó de atún a la pimienta verde con parmentier de cebolla y acelgas de colores; y la “nostalgia” con recetas que evocan la infancia como el Canelón de “rustido” con trompetas de la muerte, soubise de ceps o los Macarrones del cardenal con secreto ibérico y bechamel de parmesano. Los postres, por otro lado, responden también a diferentes momentos creativos como el Recuerdo del polo Drácula que representa la inspiración.




























